Entrevista a Fernando Andacht


La comunicación mediática

Semiosis, sospecha teórica e investigación


Media communication

Semiosis, theoretical suspicion and research


A comunicação midiática

Semiosis, suspeita teórica e investigação


DOI: https://doi.org/10.18861/ic.2023.18.2.3492


FERNANDO ANDACHT

fernando.andacht@fic.edu.uy Montevideo – Universidad de la República, Uruguay.


ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3054-6090


CÓMO CITAR: AA. VV. (2023). Entrevista a Fernando Andacht. La comunicación mediática. Semiosis, sospecha teórica e investigación. InMediaciones de la Comunicación, 18(2), 311-316. DOI: https://doi.org/10.18861/ic.2023.18.2.3492


Referente de la semiótica y uno de los principales impulsores de la obra de Charles Peirce, el investigador uruguayo Fernando Andacht da cuenta de referencias insoslayables de los estudios sobre la acción sígnica y plantea la necesidad de apostar por una educación crítica y la investigación rigurosa para desentrañar las complejidades comunicacionales del presente.


¿Cómo era el campo de la comunicación o el área de la investigación en la que trabajaba hace 25 años? ¿Cuáles eran sus temas, los modos de abordar las problemáticas, las perspectivas de análisis y los retos que se enfrentaban por entonces?

Como fruto de una convicción personal, que aún tengo –o que me tiene, debería decir– sobre la relevancia del pensamiento semiótico y triádico desarrollado por Charles Peirce, hace 25 años fue ese el marco teórico de mis trabajos sobre la comunicación mediática. Algunas de las publicaciones de ese momento fueron el resultado directo de mi activa participación en un grupo internacional de investigadores en semiótica que fue liderado, aunque ese signo no es justo para describir la clase de iniciativa organizacional emprendida por Joseph Ransdell (1931-2010), el creador, en 1994, de Arisbe. The Peirce Gatewayhttps://arisbe.sitehost.iu.edu–. Se trata de un ámbito pionero en Internet que ha servido para conocer mejor y debatir sobre el enorme y muy actual legado de Peirce, un lógico norteamericano que desarrolló la semiótica moderna durante medio siglo de ininterrumpida labor intelectual. En 1998 publiqué dos artículos que tenían un eje teórico común, además del encuadre elegido de la semiótica peirceana: en uno de ellos, titulado “A semiotic framework for the social imaginary” (Andacht, 1998a), hay una tentativa de relacionar la teoría y la epistemología de Peirce con el edificio teórico del imaginario social que elaboró el filósofo griego-francés Cornelius Castoriadis. Ese artículo fue publicado en la revista alemana Kodikas/Code: Ars Semiotica y lo escribí durante el período en el que llevaba adelante una investigación en el Arbeitstelle für Semiotick de la Technische Universität (Alemania), con una beca Alexander von Humboldt. En ese mismo año escribí “On the relevance of the imagination in the semiotic of C. S. Peirce” (Andacht, 1998b), un artículo que publicó la revista italiana de semiótica Versus Quaderni di studi semiotici, y en el que hice una crítica de la interpretación de la teoría semiótica de Peirce que propuso Umberto Eco (1981) sobre la noción de fundamento (ground). Asimismo, dada mi actividad en el campo de investigación de la comunicación mediática, específicamente los medios audiovisuales –en esa época, televisión y cine–, en ambos textos hay referencias a la producción de Peirce pero, además, al teatro, como una estrategia para bajar a tierra la teoría discutida.

En aquella época, mi interés fundamental era el estudio de la acción sígnica de la iconicidad, es decir, el tipo de semiosis más simple o elemental de la clasificación elaborada por Peirce, y sin el cual nada nuevo podría acceder a la acción sígnica. Por entonces ya había investigadores interesados en utilizar ese enfoque teórico basado en Peirce para el estudio de los medios de comunicación, particularmente en Brasil (Lucia Santaella), en Argentina (Eliseo Verón y quienes adoptaron su marco teórico) y en Europa (Gérard Deledalle y el grupo de investigadores de la Université de Perpignan, en Francia). Por supuesto, en esa época, el enfoque de los signos también tenía como referentes autores de la escuela francesa (Ferdinand de Saussure, Algirdas Julien Greimas, Roland Barthes, entre otros) y las investigaciones del semiólogo ruso Iuriï Lotman. E importa destacar, además, que ya se había dado un paso notable desde el abordaje excesivamente verbocéntrico de la semiología de los años 60 y 70 del siglo XX, como lo ilustran, por ejemplo, los trabajos acerca de la enunciación en el cine que desarrolló Christian Metz. Si considero el marco teórico imperante, concluyo que mi trabajo estaba un poco apartado del canon más frecuente de autores; además de Peirce y Castoriadis, utilicé y continúo utilizando la obra del canadiense Erving Goffman, particularmente su Frame Analysis. A study of the organization of experience (Goffman, 1974), así como una de sus fuentes teóricas, Gregory Bateson (1972).


¿Cómo es ahora ese campo o el área de desempeño a la que ha dedicado su tarea investigativa? ¿Cuáles transformaciones tuvieron lugar?

En un artículo que merecería ser traducido al español y se titula “Technological Determinism is Dead; Long Live Technological Determinism”, la investigadora canadiense Sally Wyatt (2008) aborda una cuestión epistemológica clave para el campo de la comunicación. ¿Quién podría hoy discutir que los constantes e impactantes cambios en la tecnología de la comunicación generan cambios significativos en el modo en que consumimos, analizamos y enseñamos los medios? La tan reiterada crítica contra el determinismo tecnológico que se materializó en la frase/eslogan de Marshall McLuhan, “el medio es el mensaje”, así como su popular clasificación de medios fríos y calientes, indujo a exagerar los reparos y a ignorar el aporte fundamental que su pensamiento hizo para nuestro campo.

En tal sentido, el estudio de las más diversas materialidades mediáticas, tal como aparece en la obra de Mario Carlón, de José Luis Fernández o de Carlos Scolari, por mencionar algunos importantes investigadores latinoamericanos, demuestra, más allá de toda duda, la necesidad que hubo de adaptar nuestros métodos y nuestro encuadre teórico para responder al avance irresistible de las redes sociales, de las plataformas y la peculiar circulación de usuarios que ya no se limitan a ver, oír o leer. Y por supuesto, es imposible no incluir en este nuevo abordaje mediático el ubicuo y todopoderoso teléfono celular, que posee un nombre equívoco si los hay, pues es un dispositivo de comunicación multimodal más que un avatar contemporáneo y portátil del invento de Graham Bell.

Por su parte, un área de estudio en la que creo haber sido pionero, al menos en esta parte del mundo, es el género del reality show y de algunos de sus formatos. Hace veinte años publiqué El reality show. Una perspectiva analítica de la televisión (Andacht, 2003), libro que forma parte de la colección Enciclopedia Latinoamericana de Sociocultura y Comunicación dirigida por el argentino Aníbal Ford. Considero que hoy es un tema relevante y legítimo, en especial en América del Norte y en Brasil, en parte gracias a trabajos influyentes como los de Henry Jenkins, autor de Convergence Culture. Where Old and New Media Collide (Jenkins, 2006), que se ocupa de la actividad de los fans, de los seguidores de este género propio del siglo XXI. En la actualidad, parece ineludible trabajar con la presencia de imágenes, sonidos y textos en varios medios simultáneos, y el desafío mayor es entender y explicar, por escrito y oralmente, en nuestras clases, cuál es el impacto de cuestiones como lo transmediático, es decir, los pasajes de una materialidad comunicacional a otra, y sus efectos en los destinatarios.


¿Cómo se avizora el futuro? ¿Cuáles desafíos atraviesan el campo de la comunicación y la formación académica y profesional?

En los tiempos venideros será cada vez más difícil prescindir del aporte comunicacional mediático, en cualquier actividad humana. Si pensamos, por ejemplo, en la crisis sanitaria que hemos vivido en los últimos años, la mundialmente declarada pandemia, veremos que un componente nuclear de los cambios de vida sufridos por la población mundial fue el vuelco masivo de las personas hacia la mediación virtual, la mediatización del mundo de la vida. Las relaciones interpersonales, el trabajo que antes se hacía en un espacio predeterminado y alejado del hogar, el modo de dar clases, en todos los niveles educativos, todo, como sabemos bien, ha cambiado. La educación, el trabajo remunerado y las diversas formas o dimensiones del ocio se trasladaron a las pantallas domésticas, pero en esta época designada como pospandemia ya no parece posible desprenderse de clases, reuniones o charlas que son realizadas a través de diversas plataformas virtuales. Así como en la Antigüedad la Retórica era una de las artes enseñadas al ciudadano para poder debatir e incluso defenderse públicamente, la comunicación de la ciencia y de las humanidades debería formar parte de la formación del ciudadano del siglo XXI. El gran desafío, entiendo, es poder tomar distancia de términos que aterrizan como eslóganes, frases hechas, conceptos distribuidos globalmente, pero que no son analizados como deberían, muchas veces en razón de su origen y de su finalidad ideológica o política. Me refiero a nociones como fact checkers, fake news, teorías de la conspiración y muchas otras que fatigan los medios más influyentes sin mayor problematización.

Las universidades, particularmente en los Estados Unidos y en Canadá, publicitan sus instituciones como ámbitos donde el estudiante podrá adquirir una conciencia crítica sobre el mundo, no importa cuál sea el camino que haya escogido para sus estudios. Pero esta promesa está cada vez más lejos de poder cumplirse. Ciertas formas de moralización del espacio universitario, la cultura de la cancelación, la excesiva regulación de lo políticamente correcto, son algunas de las mayores amenazas que avizoro para que pueda funcionar la máxima que enunció Peirce, hace más de un siglo: “No se debe obstruir el camino de la investigación”. Esa máxima debería estar inscripta en los muros de todo espacio dedicado a la búsqueda del saber, sostuvo el lógico norteamericano. Un recurso excesivo y acrítico o dogmático de la llamada construcción social de la realidad tiende irónicamente a vaciar e incluso negar el genuino y válido acceso progresivo a lo real mediante nuestras representaciones o signos. El uso constante y creciente de la comunicación virtual, el desarrollo imparable de la inteligencia artificial y muchas otras potentes y útiles tecnologías no debería hacernos olvidar que investigar es siempre ir en pos de la verdad, que es, para citar una última vez a Peirce, la indagación sistemática y rigurosa sobre lo real como aquello que es del modo en que es, más allá de lo que yo o cualquier cantidad de personas podamos creer que sea. La fuerte y hegemónica ideologización de lo real bajo el manto de lo que debe o debería ser aceptable para una universidad sometida a presiones extra-científicas es uno de los mayores peligros para emprender la interminable expedición de lo real y de la verdad en el campo de la comunicación mediática.


REFERENCIAS


Andacht, F. (1998a). A semiotic framework for the social imaginary. Kodikas/Code: Ars Semiotica, 21, 3-18.

Andacht, F. (1998b). On the relevance of the imagination in the semiotic of C. S. Peirce. Versus Quaderni di studi semiotici, 80-81, 201-218.

Bateson, G. (1972). Steps to an ecology of mind. Northvale: Jason Aronson Inc.

Eco, U. (1981). Peirce’s analysis of meaning. In Ketner, K., Ransdell, J. M., Eisele, C. Fisch, M. H. & Hardwick, C. S. (eds.), Proceedings of the C.S. Peirce’s Bicentennial International Congress (pp. 179-193). Lubbock: Texas Tech Press.

Goffman, E. (1974). Frame Analysis. A study of the organization of experience. Cambridge: Harvard University Press.

Jenkins, H. (2006). Convergence Culture. Where Old and New Media Collide. New York: New York University Press.

Wyatt, S. (2008). Technological Determinism is Dead; Long Live Technological Determinism. In Hackett, E., Amsterdamska, O., Lynch, M. & Wajcman, J. (editors), The Handbook of Science and Technology Studies (pp. 165-180). London: The MIT Press.


* Nota: el Comité Académico aprobó la publicación de la entrevista.


Artículo publicado en acceso abierto bajo la Licencia Creative Commons - Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).


IDENTIFICACIÓN DEL ENTREVISTADO


Fernando Andacht. Doctor en Filosofía, Universidad de Bergen (Noruega). Magister en Lingüística, Ohio University (Estados Unidos). Licenciado en Letras, Universidad de la República (Uruguay). Investigador Categoría Nivel II, Sistema Nacional de Investigadores, Agencia Nacional de Investigación e Innovación (Uruguay). Profesor Titular, Facultad de Información y Comunicación, Universidad de la República. Profesor Invitado del Programa de Doutorado e Mestrado em Comunicação e Linguagens, Universidade Tuiuti do Paraná (Brasil). Profesor invitado, Doctorado en Semiótica, Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Vivió, estudió y enseñó en Estados Unidos, Noruega, Alemania, Brasil, Chile y Canadá, donde fue Profesor Titular del Department of Communication, University of Ottawa (2006-2015). Fue becario del Programa Becas Fulbright y de la Fundación Alexander von Humboldt. Publicó 10 libros, siendo el más reciente En la cocina del sentido. Análisis semiótico de la Comunicación Política en las internas uruguayas 2014 (2014, Editorial Fin de Siglo) y más de 100 artículos –en inglés, francés, portugués y castellano– centrados en sus temas de investigación: el estudio semiótico de la comunicación, la representación de lo real en medios audiovisuales y el análisis de los signos electorales.