Literaturas transicionales

Nostalgia, memoria, utopía


Transitional literatures

Nostalgia, memory, utopia


Literaturas de transição

Nostalgia, memória, utopia


DOI: https://doi.org/10.18861/ic.2023.18.2.3514


MARÍA ÁNGELES NAVAL

manaval@unizar.es – Zaragoza – Universidad de Zaragoza, España.


ORCID: http://orcid.org/0000-0001-8568-455X


CÓMO CITAR: (2023). Naval, M. Á. (2023). Literaturas transicionales. Nostalgia, memoria, utopía. InMediaciones de la Comunicación, 18(2), 181-202. DOI: https://doi.org/10.18861/ic.2023.18.2.3514



Fecha de recepción: 1 de febrero de 2023

Fecha de aceptación: 4 de mayo de 2023



RESUMEN


El artículo expone algunos planteamientos generales para abordar el estudio conjunto de las literaturas que narran los procesos de transición democrática acaecidos en el último tercio del siglo XX. Se propone el uso del término literaturas transicionales para designar el conjunto de estas literaturas. Tomando como punto de partida trabajos previos de documentación e interpretación sobre la transición española transición española y aduciendo ejemplos de la literatura checa y alemana se delimita la posibilidad de hacer un estudio de las literaturas transicionales desde el punto de vista de la melancolía y la nostalgia, tal como las han teorizado Boym (2015) y Traverso (2019). En esa línea, se propone el año 1968 como fecha internacional de referencia para la nostalgia de la literatura transicional.


PALABRAS CLAVE: transición democrática, relato de las transiciones políticas, literatura actual, literatura transnacional.



ABSTRACT


This paper sets out some general approaches to the joint study of the literatures narrating the processes of democratic transitions that took place in the last third of the 20th century. The use of the term transitional literatures is proposed to designate these literatures. Previous work on the documentation and interpretation of literature on the Spanish Transition is taken as a starting point. Examples from Czech and German literature are given, and finally, the possibility of studying transitional literatures from the point of view of melancholy and nostalgia, as theorised by Boym (2015) and Traverso (2019), is delimited. In this line, the year 1968 is proposed as the international reference date for nostalgia in transitional literature.


KEYWORDS: democratic transition, narration of political transitions, current literature, transnational literature, melancholy, nostalgia.



RESUMO


O artigo expõe algumas questões gerais para abordar o estudo das literaturas que narram os processos de transição democrática vividos no último terço do século XX. Nesse sentido, o termo literaturas de transição é utilizado para designar o conjunto dessas literaturas. Como ponto de partida, faz-se referência às obras de documentação e interpretação da literatura na transição espanhola e toma-se exemplos da literatura checa e alemã que servem para pensar o desenvolvimento de um estudo das literaturas de transição do ponto de vista da melancolia e da nostalgia, como teorizaram Boym (2015) e Traverso (2019). Nessa linha, o ano de 1968 surge como uma data de referência internacional em torno da nostalgia da literatura de transição.


PALAVRAS-CHAVE: transição democrática, relato de transições políticas, literatura atual, literatura de transnacional, melancolia, nostalgia.


INTRODUCCIÓN


Es posible hacer un estudio transnacional y conjunto de la literatura relativa a los diferentes procesos de transición democrática que se produjeron en el último tercio del siglo XX. Esta propuesta ha sido elaborada en el marco del proyecto de investigación con financiación española La literatura de la transición democrática española y las narrativas transicionales europeas”i. A continuación, se esboza un corpus inicial de novelas europeas que abordan algunos de los procesos de transición democrática (República Checa, Alemania y España, fundamentalmente) que pueden identificarse como productos artísticos nostálgicos. Esta es una de las vías estéticas, sentimentales e ideológicas desde la que se pueden estudiar las narrativas transicionales: la melancolía y la nostalgiaii. En este artículo, ambos términos sirven para un mismo fin: estudiar peculiaridades transnacionales de las literaturas transicionales en Europa.

La diferente cronología de los procesos transicionales no es óbice para que se pueda proponer una fecha también internacional como arranque, origen y motor de ese sentimiento nostálgico con que se revisan los procesos transicionales. Las revoluciones del 68 y la mitología que convoca esa fecha configuran un punto de referencia sentimental que alimenta la nostalgia o desencanto –término propio del contexto español– con que se contemplan los procesos democratizadores. Por otra parte, las revoluciones del 68 abrieron el modelo de las revoluciones pacíficas transicionales –la Revolución de Terciopeloiii o la Revolución de los Clavelesiv– y marcaron el final del modelo de las revoluciones de inspiración decimonónica; revoluciones logradas por guerras civiles y procesos cargados de belicosidad. Las revoluciones del 68, en suma, son el síntoma que expresa la apertura de la era de las transiciones (Chabot, 2015), de procesos de cambios marcados por una fuerte energía social, transiciones demográficas y demandas democráticas. En ese sentido, el impulso de la juventud épica y heroica del 68 actúa como pasado de referencia transnacional para la nostalgia generada por los procesos democráticos: Las canciones y los héroes del 68, ya sea el hímnico Al vent de Raimon o el sacrificio heroico de Jan Palach siguen siendo fuente de inspiración para el relato que le siguió a lo acontecido aquel año.

El estudio de las narrativas transicionales tiene otras líneas de abordaje literario, como es la predilección por los relatos de género negro, la recurrencia de las sagas familiares e incluso algunos formatos con menos tradición crítica, pero claramente nostálgico, que fueron parte de otros trabajos (Naval, 2019) y no se abordan en estas páginas. Asimismo, dejamos esbozada la discusión sobre la metodología histórica con que abordar el estudio de las narrativas transicionales: comparatismo, historia global, World Literature, historia transnacional.



  1. UN TECNICISMO PARA EL ESTUDIO TRANSNACIONAL DE LAS LITERATURAS DEMOCRÁTICAS


En abril de 2022 apareció, en castellano, la novela Los memorables, de la escritora Lídia Jorge (2022) –la versión original en portugués, con el título O Memoravéis, fue publicada en 2014–. El libro es una fábula nostálgica –luego se verá por qué– que cuenta los trabajos, averiguaciones y sentimientos vividos por tres periodistas lusos encargados de hacer un documental para la cadena norteamericana CBS sobre los acontecimientos que tuvieron lugar en Lisboa la madrugada del 25 de abril de 1974, algo que los lleva a entrevistar a los protagonistas de la Revolución de los Claveles: el periodista que se atrevió a emitir por radio canciones cargadas de simbolismo, el fotoperiodista que realizó las instantáneas más significativas de lo ocurrido en las calles de la ciudad y en los cuarteles, y los militares que dirigieron las operaciones tácticas, entre otros protagonistas de aquel acontecimiento histórico). El documental se rodó en 2004, o sea, 30 años después de los acontecimientos que se querían evocar, convocar o despertar. El documental, dice la novela, formará parte de una serie titulada The Waking History, y simultáneamente al de Lisboa se realizan documentales en Budapest, Praga, Berlín y Bucarest (Jorge, 2022). La novela no hace mención a la transición democrática española, aunque el franquismo, sus conexiones con la dictadura portuguesa de Salazar y otras relaciones y analogías entre los países ibéricos se mencionan en el relato con más frecuencia que lo referido a otros países del Este europeo.

La distancia temporal entre los hechos y la escritura está deliberadamente marcada por la estructura de la novela, cuyas tres partes hacen amarillear la original instantánea, el momento de la revolución pacífica de 1974: en primer lugar se relata el encargo del documental en 2003; luego se cuenta la realización de las entrevistas en 2004 –con el choque emocional que provoca en los jóvenes periodistas el encuentro con el pasado a través de sus protagonistas, marcados por el tiempo transcurrido y el signo de los tiempos–; y finalmente el brevísimo, falseado, esquemático y efectista argumento del documental televisivo concluido seis años después, en 2010. Esta novela, según ha explicado la propia autora (Jorge, 2022a), tiene la voluntad de ser un documento de la memoria histórica de la revolución y de los revolucionarios portugueses de 1974, de ahí también el título de la obra: Los memorables.

En tal sentido, Jorge ha querido establecer un marco europeo para contextualizar la elaboración del documental luso. Pese a la proximidad temporal y geográfica de las transiciones griega y española, la trama de Los memorables decide que el documental de la Revolución de los Claveles haga juego con los de Hungría, Checoslovaquia, Alemania y Rumania. Esta elección apunta a que la autora creyó bastante evidente que el significado de los procesos transicionales se dirime en un contexto amplio que desborda lo estrictamente nacional. Este hecho se presenta en la novela como una obviedad que ni siquiera es objeto de comentario, aunque quizá no sea tan evidente en el terreno de los estudios literarios, más anclados en circunscripciones idiomáticas y, en consecuencia, casi siempre centrados en lo nacional.

Como se precisa en el neologismo que encabeza este artículo, literaturas transicionales, nos proponemos crear un marco que permita el estudio conjunto e interrelacionado de las literaturas que tematizan las transiciones políticas producidas en diferentes geografías y contextos nacionales donde se experimentó un proceso político de transformación que va de un régimen dictatorial a la conversión en un estado democrático de derecho en el último tercio del siglo XX. En tal sentido, literaturas transicionales es el término que se propone para el estudio de los relatos centrados en esa problemática e incluye, además del relato literario, aquellos que tienen un carácter documental –ya sea testimonial, ya sea auto-descriptivo– y otras narraciones del campo cinematográfico, televisivo y teatralv.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la narrativa transicional de carácter transnacional no se produce de manera simultánea a los procesos de transición política: es decir, el relato del proceso de democratización no incluye exclusivamente los relatos que se producen en simultáneo al tiempo invertido en la transformación de las estructuras del estado dictatorial en un estado democrático. Es más, en el siglo XXI el relato de las transiciones políticas del siglo XX se ha convertido en una recurrencia, involucrando en ello a diferentes literaturas nacionales y a escritores que producen en distintos idiomas. El análisis de estos relatos permite ahondar en las emociones, decepciones, desencantos y nostalgias que afectan a la percepción actual de la vida democrática, o, dicho de otro modo, en estos relatos se viene fraguando una memoria cultural de los procesos de transición democrática alimentada tanto por las memorias vinculadas al pasado de las transiciones o revoluciones democráticas como a la percepción ciudadana sobre la democracia actual en contextos como el europeo. De ese modo, la literatura es un campo privilegiado para el estudio y el análisis de la memoria cultural.

Vale aclarar, además, que transicional es un neologismo en castellano y está usado como un tecnicismo en la propuesta del proyecto titulado “Transficción –relatos y discursos de la Transición– (2020-2022)”, al que ya se hizo mención. En inglés, existe transitional como adjetivo relacionado con transición (aplicable, por ejemplo, a estilos arquitectónicos de transición, entre el románico y el gótico). Mientras que en francés tampoco existe y se tiende a usar para suplirlo el sintagma preposicional “de transición”, lo mismo que en portugués. Que exista una traslación directa al inglés transicional / transitional puede ser una ventaja para el éxito del tecnicismo. En ciencias políticas se ha definido la transitología, rama centrada en los procesos de cambio político –lo cual nos ocupa–y se la ha aplicado al análisis de los fallidos –por el momento– procesos de democratización en el mundo árabe, los cuales se expandieron a partir de las expectativas generadas por las llamadas primaveras árabes de 2011vi.

En cualquier caso, aquí se propone el uso del término transicional como adjetivo que califica algo –una literatura, una cultura– relativo a un periodo de transición política, y no referido en concreto a un estilo artístico, literario o arquitectónico. Es en ese sentido que con la expresión literatura transicional estamos haciendo referencia a la literatura propia o relativa a un periodo en el que se pasa de régimen político dictatorial o autoritario a un régimen democrático, algo que ubicamos en experiencias europeas que tuvieron lugar en el último tercio del siglo XX. Precisión que creemos necesaria y define un campo de estudio amplio, pero bastante concreto. Y aunque sea un neologismo que pueda servir también para el estudio de las narrativas procedentes de América Latina o que se produzcan en lengua española o castellano.

En este contexto, los procesos culturales y sentimentales que se generan o se reflejan en el terreno de la ficción –y los relatos en general– constituyen un síntoma privilegiado para evaluar la salud democrática de Europa e interpretar los procesos de desencanto, nostalgia o melancolía que genera esa memoria cultural incorporada al universo democrático contemporáneo y a los procesos económicos, sociales y políticos del bloque capitalista occidental que han tenido lugar en las últimas décadas.


  1. EUROPA NOSTÁLGICA Y LITERATURAS TRANSICIONALES


El libro de Svetlana Boym (2015) titulado El futuro de la nostalgia –su versión original en inglés, The Future of Nostalgia, es de 2001– y el de Enzo Traverso (2019), Melancolía de la izquierda. Después de las utopíasLeft-Wing Melancholia. Marxism, History and Memory, de 2016–, constituyen el sostén teórico-metodológico del modo de entender nostalgia y melancolía –términos que, como adelantamos, aquí se usan de manera indistinta–. Ambos libros tienen que ver, independientemente de la confesión ideológica o de la militancia de sus autores, con los procesos sentimentales, filosóficos y culturales que provocó la disolución de la Unión Soviética y la transición a la democracia vivida en distintos países en el marco del Pacto de Varsovia. La sanción en clave neoliberal que hizo al respecto Fukuyama (1991), en su temprano balance expuesto en el libro El fin de la Historia, abrió la posibilidad de dirigir una mirada melancólica al pasado de los antiguos países de la órbita comunista. Estableció un momento a partir del cual volver la vista atrás.

La memoria, el recuerdo del pasado, es el motor básico de la actividad nostálgica, y el recuerdo de las víctimas de un pasado autoritario es sólo una parte del proceso. La literatura –las narrativas en general– también vienen dando cuenta, en otro registro, de los resultados de los procesos de democratización. En tal sentido, operan sobre el pasado y dan cuenta de una suerte de memoria cultural. En tal sentido, existe un debate ideológico en torno a los productos culturales nostálgicos en el que se plantea o discute acerca del modo de representar el pasado, incluyendo miradas que tienden a pensarlos como reaccionarios –en cuanto que presuponen el deseo de recuperar el pasado, o al menos romantizarlo, tal la valoración que han merecido algunas producciones de René de Chateaubriand o Walter Scott, vistas en esos casos como propias de una suerte de romanticismo conservador–. La mirada que dirigen estos autores al pasado previo a la Revolución Francesa y al racionalismo ilustrado, así como la exaltación del genio del cristianismo y de la sociedad feudal, suponían el rechazo de la sociedad liberal y el aprecio de los órdenes sociales y políticos propios del Antiguo Régimen.

Por su parte, tanto Boym como Traverso proponen una interpretación distinta de la nostalgia y de la melancolía desde el punto de vista ideológico. Los títulos de sus libros son explícitos al respecto, pues convocan el futuro de la historia (Boym) y la tradición del pensamiento izquierda (Traverso). Es decir, ambos libros hacen compatible la visión nostálgica del pasado con la posible existencia de un proyecto de futuro.

El libro de Boym parte de la conversión de la nostalgia en un objeto susceptible de ser estudiado históricamente. Rechaza además que la mirada nostálgica solo pueda conducir a repudiar el presente y que no pueda ser útil para el futuro. La historia de la nostalgia permite estudiar la historia de los hechos y de las personas que no han constituido el cauce mayoritario de las narraciones del pasado. En esa línea, la nostalgia que interesa –desde el punto de vista histórico– no es la nostalgia que antes llamamos reaccionaria –que propone un regreso al pasado extinguido o un desentendimiento irresponsable del presente–, sino una nostalgia que avizora otro tipo de potencialidad. No es, por lo tanto, la nostalgia que lleva a pensar en “la abdicación de la responsabilidad, un regreso al hogar libre de culpa, un fracaso ético y estético” (Boym, p. 15). Es decir, una idea ensimismada de la nostalgia que llevó a pensadores comunistas como Vázquez Montalbán o Teresa Pàmies a desconfiar de ella, lo cual se aleja de las ideas que plantean Boym y Traverso.

La nostalgia supone –así la define Boym y es comúnmente admitido– la superposición de dos imágenes de la misma cosa o hecho añorado. La imagen pasada y la imagen presente; la imagen soñada y la imagen de la vida cotidiana. Desde el punto de vista metodológico, se asume que el estudio de las narrativas que reelaboran los procesos transicionales supone entender que en la superposición nostálgica de imágenes y relatos hay una emoción histórica e historiable.


No solo analizaremos la nostalgia de un régimen anterior o de un imperio caído, sino también los sueños pasados que no llegaron a cumplirse y las visiones de futuro que se quedaron obsoletas. La historia de la nostalgia no solo nos permite analizar la historia moderna y contemporánea en busca de la novedad y del progreso tecnológico, sino también examinar los planes que nunca se llevaron a cabo, los giros y las encrucijadas impredecibles (Boym, 2015, p. 17).


Este es un terreno –el de los sueños no realizados, los planes que no se llevaron a cabo y las encrucijadas impredecibles– especialmente productivo para los estudios histórico-literarios y para los estudios de una historia de la cultura. La revisión de los relatos de los procesos transicionales en las narrativas actuales parte precisamente de pensar esa revisión emotiva y sentimental del relato considerado dominante y oficial (Naval, 2016) y de la emergencia de las sensibilidades de quienes se consideran como perdedores, vencidos o víctimas del proceso transicional –particularmente las “izquierdas”, representadas por los partidos comunistas y otras formaciones políticas (Pasamar, 2019)vii.

La opción de Boym por el término nostalgia enfatiza el componente espacial de esa relación con el pasado: dolor por el hogar nostos perdido, la patria abandonada o la añorada patria de los padres. Este planteamiento de Boym es particularmente operativo para el estudio de las aportaciones específicas de los escritores exiliados al relato de las transiciones políticas y de su experiencia personal y ciudadana en el marco de la transición y estabilización democrática. Hay literatura reciente que da cuenta de este tipo de inflexión de quienes se exiliaron del comunismo o escaparon de La guerra de los Balcanes. En ese sentido, los ensayos de la periodista croata Slavenka Drakulić (2021) reunidos en Café Europa Revisited. How to survive post-comunism y otros relatos testimoniales o documentales de lo que significó la descomposición del bloque comunista. En España, se publicaron Polvo y sangre (2019) y Barro más dulce que la miel (2020), de la polaca Margo Rejmer, trabajos que narran la transición albana. Y también ha tenido éxito europeo la escritura de Kapka Kassabova, nacida en Bulgaria en 1973, emigrada y residente en Irlanda, quien además de su libro Street Without a Name: Childhood and Other Misadventures in Bulgaria, publicado en 2009, produjo el libro Frontera: un viaje al borde de Europa (Kassabov, 2019), donde explora otros terrenos devastados del Este de Europa, como son las fronteras entre Grecia y Turquía.

Ese planteamiento nostálgico observado por Boym (2015), el de la superposición de dos imágenes, es extremadamente operativo como esquema básico narrativo. La mencionada novela lusa Los memorables (Jorge, 2022) organiza su argumento a partir de la fotografía de una cena en la que participaron los conjurados más relevantes de la Revolución de los Claveles, quienes serían entrevistados treinta años después de lo ocurrido. Aunque las fotografías tienen una existencia únicamente narrativa –no la vemos materializada en ningún momento en el libro de Jorge–, la autora activa el recurso que la crítica ha puesto de relieve al hablar del uso de las fotografías en textos, por ejemplo, como los de G.W. Sebald: “Imágenes del pasado que son redimidas o cuestionadas mediante el ejercicio de la palabra y ni uno ni otro signo acaban siendo, en rigor, independientes” (Luelmo Jareño, 2014, p. 123). O, en el caso de una novela española sobre la transición que busca el referente de la imagen documental –en este caso, del asalto al congreso de los diputados capitaneado por el teniente coronel Tejero–, podemos hacer referencia a Anatomía de un instante, de Javier Cercas (2009). Más nostálgico y melancólico es el uso de la fotografía que hace este autor en El monarca de las sombras (Cercas, 2017) como desencadenante de la peripecia novelesca que entraña un regreso al hogar extremeño de sus padres y abuelos, así como al pasado del tío que fue falangista durante la Guerra Civil Española. La distancia entre el rostro registrado en la fotografía de la cubierta y la dificultad de establecer su significado o su verdad actual, en el presente, dispara la fuerza literaria del recurso nostálgico en el que la fotografía funciona como motor de la trama novelesca.

El enfoque de Traverso (2019) en Melancolía de izquierda es el de quien fue un joven militante del partido de izquierda radical italiano “Potere Operario”, convencido en el siglo XXI de que las doctrinas marxistas pueden recibir –o incluso pueden estar recibiendo– reformulaciones de interés para la edificación de un futuro, una utopía de izquierdas, pese a la debacle del comunismo entre 1989 y 1991. Si el libro de Boym (2015) se sostiene en su experiencia de exiliada soviética y en reflexiones en cierta medida autodescriptivas o autobiográficas, el de Traverso (2019) tiene un enfoque claramente académico y se circunscribe al análisis de cómo ha funcionado el enfoque nostálgico en relatos de la experiencia de las derrotas de las expectativas marxistas en los siglos XIX y XX.

En el capítulo “La cultura de la derrota”, Traverso establece la filiación artística de la iconografía de la melancolía desde el Renacimiento, siguiendo, entre otros, la obra de Panofsky, hasta la consideración freudiana de la melancolía como enfermedad, sin obviar las referencias proto-científicas a la teoría de los humores de Huarte de San Juan. Traverso sostiene dos hipótesis para hacer una valoración positiva –desde la izquierda– de esa melancolía artística y políticamente asociada muchas veces con el romanticismo conservador y antiliberal. La primera hipótesis de Traverso es que en el relato de las derrotas de la izquierda “la melancolía ya no es un mero sentimiento; se convierte en una disposición anímica, un uso de la razón” (2019, p. 91). Es decir, plantea una melancolía crítica, al servicio del pensamiento crítico y no del sentimiento nostálgico o melancólico. La segunda hipótesis es que la melancolía –en particular hacia el pasado soviético– puede ser una forma de resistencia:


Como las utopías han llegado a su fin, un duelo logrado podría significar asimismo la identificación con el enemigo: el remplazo del socialismo perdido por el capitalismo aceptado. Si no existe una alternativa socialista, el rechazo del socialismo real se convierte inevitablemente en una aceptación desencantada del capitalismo de mercado. (…) En este caso, la melancolía sería el rechazo obstinado de cualquier compromiso con la dominación (Traverso, 2019, p. 96).


La nostalgia (o melancolía) comunista en la literatura checa sobre la Revolución de Terciopelo –tal y como la describen Mlčoch y Střelec (2020) puede contener ese grado de resistencia al capitalismo que entrevé o desea Traverso. La nostalgia en la literatura checa se da en escritores nacidos en los años cuarenta y que participaron en el régimen comunista –por caso, Jaroslav Čejka, Vaclav Hons, quienes “claman abiertamente por la restauración de la dictadura, aunque algunos como Václav Hons alabaron la Revolución [de Terciopelo] en su momento” (Mlčoch & Střelec 2020, p. 198). Escritores más jóvenes, nacidos en los setenta, también hacen una valoración nostálgica de los resultados de la Revolución de Terciopelo, particularmente centrada en cómo fueron los procesos de reprivatización y de enriquecimiento en los años 90; es el caso de Los guardianes del bien civil –Strážci občanského dobra de Petra Hulová (2010)– y Avenida Nacional –de Jaroslav Rudiš (2013)–. Ambas son novelas del desencanto de la revolución. Reproduzco una cita de la novela aportada por Mlčoch que, nos parece, establece una conexión con lo antes referido por Traverso:


Te dicen que debes ser feliz (…) Te dicen que pidas un préstamo, que te hipoteques y que compres a crédito. Te dicen que debes comprar y dejarte comprar. (…) Te dicen que el capitalismo significa la libertad y la democracia. Te dicen que no hay nada mejor que esto. Y cuando dices que a lo mejor sí que existe, eres comunista o nazi (Mlčoch & Střelec, 2020, p. 196).


Los escritores de la extinta República Democrática Alemana (RDA) relataron en fechas próximas a la unificación alemana este tipo de experiencia. Ricardo Martín de la Guardia (2020) escribe sobre la aparición de sentimientos complejos en relación con el pasado comunista en la RDA ante el fin de la administración soviética y las transformaciones en los modelos productivos registrados en fábricas y en granjas, cambios que clausuraban la forma de vivir de muchos ciudadanos:


El anticomunismo como reacción a las décadas de dictadura se trasladó al discurso público y al sentimiento de millones de alemanes del Este, como lo hizo en el resto de las repúblicas centro-orientales que caminaban hacia la democracia en aquel mismo momento; un sentimiento anticomunista que contrastaba con una cierta nostalgia de lo que fue cotidiano bajo el régimen de la República Democrática (p. 182).


Desde los años 90 hasta el presente, los escritores alemanes han contado este proceso de la unificación y democratización. En esa línea, de la Guardia recoge las polémicas que suscitaron algunos escritores veteranos como Christa Wolf (1990), quien publicó Was BleibtLo que queda, y Günter Grass (1997), quien criticó la unificación alemana en Es cuento largo –publicado en 1995 con el título original: Ein weites Feld. Por su parte, escritores exiliados de la RDA también dejaron testimonios en los años 90, como es el caso de Erich Loest (1991) en Die Stasi war mein Eckermann Oder: mein Leben mit der Wanze –La Stassi fue mi Eckermann o mi vida con la chinche. El escritor de la Guardia comenta algunas novelas y referencia a autores que hacen un relato nostálgico y personal de lo perdido tras la unificación: Thomas Brussing (1995), en Helden wie wirHéroes como nosotros, e Ingo Schulze (2008) que cuenta en Vidas nuevas, cuyo original apareció en 2005, la caída del Muro desde el punto de vista de la RDA.

En España, el relato de la transición democrática cuenta con un censo de obras muy abundante debido al tamaño del país y de su literatura, así como al hecho de que al haberse producido la transición política tres lustros antes de las transiciones del Este, ha habido más tiempo material para esta producción. La base de datos ya referida, Transición española. Representaciones en cine, literatura, teatro y televisión, elaborada desde el mismo equipo de investigación en el que se inscribe este artículo, recoge 492 entradas, lo que da una idea del alcance de la revisión y reescritura de ese pasado. El término desencanto es el que se viene usando en España para referirse a esa actitud nostálgica o melancólica que trata de cifrar el efecto que ha producido la contemplación de la sociedad democrática, particularmente en aquellos que lucharon contra la dictadura –fueran militantes clandestinos con carné o compañeros de viaje–. Algunos libros colectivos (Calvo Carilla et al., 2013; Naval & Carandell, 2016; Peña Ardid, 2019; Naval & Calvo Carilla, 2020) dan cuenta del interés y los múltiples enfoques desde los que se puede abordar esta reescritura de la transición en el terreno de la ficción literaria, cinematográfica, teatral, televisiva o desde el terreno del documental televisivo.

Entre los autores nacidos en los años cuarenta y que pertenecen de hecho a la generación del 68 y cuyos escritos participan de esa llamada melancolía de izquierda, se destacan trabajos de Manuel Vázquez Montalbán (1985), como su ensayo de origen periodístico Crónica sentimental de la Transición; Manuel Longares (2010) con la saga familiar Romanticismo, que activa la dialéctica memoria-olvido de la Guerra Civil Española como proceso central para entender las dinámicas personales y políticas en el momento de la liquidación del franquismo; y Rafael Chirbes con La caída de Madrid, del año 2000, Los viejos amigos, publicada en 2003, y Crematorio, de 2007.

Quizá sea la obra de Chirbes (2000, 2003, 2007) la que mejor plasma esa melancolía de la izquierda vencida y perdedora, característica del proceso transicional –tan bien dibujado por el contexto que ilustra Traverso (2019) en el capítulo “La cultura de la derrota”–, y quizá también por ese recorrido planteado Chirbes haya alcanzado tanto éxito y reconocimiento a partir de 2007. En el caso particular de Crematorio, la novela de Chirbes (2007) se inscribe en las elaboraciones marxistas de la derrota: todo el desarrollo narrativo y la superposición de voces que contienen las más de 400 páginas de Crematorio se desencadenan a partir de la imagen del comunista vencido en el depósito de cadáveres del hospital. Esta imagen, escorzo narrativo, primer plano sobre el que se funden o proyectan los acontecimientos, dota de contenido simbólico a toda la novela. El cadáver de Matías Bartomeu sobre la mesa del hospital –como una referencia al Cristo de Mantegna, a su obra Lamentación sobre Cristo muerto de 1480)– esperando a ser trasladado al tanatorio y al crematorio que da título a la novela es un símbolo de los militantes de izquierda occidentales de los años 60 que se representan perdedores, vencidos y víctimas de las dinámicas de los partidos en que militaron y del resultado del proceso de democratización. Como Matías Bartomeu, han soportado el triunfo de los peores y han pagado la derrota con su muerte temprana, como los héroes.

Otros autores nacidos en los años 60, cuya militancia política no justifica el desencanto que afecta a los anteriores militantes, utilizan también la revisión del relato de la transición como enmienda a la totalidad de la sociedad democrática que han conocido, como revulsivo para las ideas políticas de aquella época o para animar a la militancia e incentivar el activismo en el siglo XXI: entre otros, podemos hacer mención a Francisco Casavella, Belén Gopegui, Rafael Reig, Marta Sanz y Isaac Rosaviii.

Por su parte, la transición como marco de referencia sentimental en el que se albergan sentimientos melancólicos algo más genéricos e indefinidos, quizás una variante de la pérdida de la juventud, se encuentra en escritores que al adoptar el relato autobiográfico o autoficticio, uno de los cauces más transitado en la narrativa durante los primeros años del siglo XXI, se encuentran con la transición; se encuentran con que han vivido la transición. En este espacio ubicamos las obras Las transiciones, de Vicente Valero (2016), Verano azul. Unas vacaciones en el corazón de la Transición, Mercedes Cebrián (2016); y El asesino tímido, de Clara Usón (2018).


  1. EL ESTUDIO TRANSNACIONAL DE LAS NARRATIVAS TRANSICIONALES


Las transiciones políticas han sido estudiadas desde el punto de vista histórico como un fenómeno global, y la reorganización del orden internacional tras la caída de la Unión Soviética sigue siendo el acontecimiento geoestratégico más trascendente a nivel mundial (González Martínez, 2018; Spohr, 2019). La metodología de la historia transnacional puede aportar ideas y enfoques para el estudio conjunto de las literaturas transicionales. Siguiendo el manual de Saunier (2013), La historia transnacional, se pueden identificar aspectos de la cultura transicional global que pueden ser tipificados como objetos de estudio de la historia transnacional. A continuación, vamos a fijar la atención en dos aspectos. El primero es la necesidad de establecer una periodización conjunta, y para ello el año 1968 resulta operativo como momento inicial, al tiempo que quedan por analizar el alcance de otros momentos posteriores como es la crisis financiera de 2007 y los movimientos sociales que provocó en 2011, entendiendo que el desarrollo de los procesos de memoria histórica en España, en Latinoamérica y en Europa también influye en la reescritura de las tramas transicionales.

El segundo aspecto, que se corresponde estrictamente con una categorización de Saunier, refiere a una consideración previa que afecta al punto de vista de la enunciación de los estudios transicionales. El imperativo de superar el marco de enunciación nacional en el estudio de las diferentes narrativas transicionales plantea una dificultad de tipo ideológico y de tradición cultural. Es muy difícil construir un discurso multiinstalado que neutralice o unifique los significados que nociones como marxismo, comunismo, izquierda y derecha pueden tener al abordar la producción cultural procedente de este o de aquel lado del Telón de Acero.


    1. 1968, y el marco cronológico de la nostalgia transicional


Hemos dicho que el año 1968, por su carácter de fecha mundial y acontecimiento monstruo, constituye un marco ideológico y sentimental solvente para pensar lo que fueron las transiciones de los años 70 en el sur de Europa y en América Latina, así como en los países europeos de la órbita soviética (Badenes Salazar, 2018). Desde una perspectiva conjunta transnacional, el estudio de los nuevos relatos de las transiciones encuentra en el 68 un momento decididamente global, que ha sido escogido en diferentes países y por escritores de diferentes generaciones como punto de partida a partir del cual se puede establecer un relato nostálgico, tal como se ha planteado en este artículo y se proyecta en las investigaciones en curso.

La referencia a las revoluciones del 68, que tuvieron un aspecto épico y guerrero y a la vez alzaron la bandera del pacifismo, se configura como término temporal desde el que enjuiciar los logros de las transformaciones democráticas. Además, la nostalgia de la juventud, de la propia juventud perdida en el caso de quienes vivieron ese tiempo histórico, impulsa relatos y reflexiones donde las antinomias (pacífico-heroico y consenso-revolución) son una fuente constante de relatos nostálgicos.

El título, y la frase misma de ese título, de la canción de Bob Dylan Kcnokin’ on Heaven’s Door, de 1973, ha tenido una enorme repercusión por su poder de evocación iconográfica de una juventud que se alzó sobre aquel presente, “llamando a las puertas del cielo”, convertida en un movimiento de “dioses de sí mismos” cargados de un gesto épico y pacífico. La frase emblemática de Dylan encierra una variante, acaso fortuita, de una frase de Marx referida a la Comuna de París que hace referencia a que el cielo no se toma por consenso, sino por asalto. Aunque la canción de Dylan habla de deponer las armas y hacerlo, “llamar a las puertas del cielo”, entraña un extraño gesto heroico. En ese sentido, la antinomia entre épico y pacífico alberga el aspecto novedoso y tensionado de las revoluciones del 68 que también inspiró a las transiciones democráticas de los años 70 y las que tuvieron lugar entre finales de la década del 80 y comienzos de los años 90.

Los dioses de sí mismos es el título de una novela de Juan Armas Marcelo (1989) en la que se pone en escena la decepción que provoca la España democrática de 1988, año de la primera huelga general contra el gobierno de Felipe Gonzálezix. El argumento explica cómo el desarrollo político de la España democrática ha traicionado los ideales y utopías de los jóvenes del 68. El líder sesentayochista Daniel Cohn-Bendit comparece en las páginas de Armas Marcelo como la cifra e inspiración del épico título de la novela. Y el concierto del artista Raimon en la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid, en mayo de 1968, con su canción Al vent, concentra la representación de la juventud del 68 español. En ese sentido, el estilo y la retórica de la novela es también de inspiración épica, pues la sintaxis se construye desde el conocimiento del estilo de las arengas de los generales griegos construidas por Tucídides.

De allí también que la frase principal de la canción de Dylan citada arriba es un motivo transgeneracional y transnacional, un amuleto; emblema y cifra del sentimiento de triunfo épico que acompañó a una nueva actitud revolucionaria fraguada en el rechazo a la guerra del Vietnam: revolución pacífica. Esa metáfora verbal de estar llamando a las puertas del cielo comparece como síntoma de una época en otras obras, dentro de la cual se cuenta la ya citada novela portuguesa Los memorables (Jorge, 2022) y El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina (1991). La versionada canción de Dylan se escucha en la novela de Muñoz Molina interpretada por The Doors. Asimismo, el famoso sintagma da título a la novela de Antonio Ansón (2007) que narra la transición democrática en un pueblo de Aragón, mientras que la canción de Raimon configuró una metáfora análoga de ámbito restringido al territorio español y es un componente autóctono del mito del 68.

Roberto Bolaño (2017) en su novela Amuleto recrea los acontecimientos de 1968 en México, la presencia de vehículos blindados en el Zócalo, la Masacre de Tlatelolco, los cantos de los jóvenes, y verbaliza esa exaltación heroica, bien distinta de la rabia revolucionaria y sanguinaria de otros momentos históricos –como lo fueron los acontecimientos ubicables en 1848, 1871, 1917, más allá de tratarse de procesos de otra extensión y conflictividad histórica–. De allí que valor, espejos, deseo y placer aparezcan en la escritura de Bolaño:


Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y del placer.

Y ese canto es nuestro amuleto (Bolaño, 2017, pp. 128 y 129)x.


Los acontecimientos europeos ocurridos en torno del 68 –como fecha emblema– y la Primavera de Praga están conectados con los procesos transicionales de los años 70 y el derrumbamiento del bloque comunista entre 1889 y 1991. Estas son las fechas operativas para establecer la dinámica narrativa de la mirada melancólica o nostálgica en el relato de las transiciones. Son fechas, por otra parte, relevantes en la periodización que Hobsbawm (2011) ofrece del siglo XX en su Historia del siglo XX (1914-1991), las cuales están relacionadas con la expectativa de revolución. La era de las revoluciones entra en fase de evolución y declive a partir del 68, acontecimiento que da paso a la idea de revolución pacífica o de transición política: Revolución de los Claveles, Revolución de Terciopelo, transición política en Grecia y en España. Las fechas 1989-1991 cifran el final del proyecto soviético y, de manera clara, establece la barrera del pasado que se revisará de manera nostálgica.

Como mencionamos al comienzo del artículo, las transiciones del Este de Europa están ganando protagonismo como punto de referencia sobre el que se proyectan los procesos transicionales. El sentimiento nacional y la conciencia de pertenecer a Centroeuropa, al corazón de Europa, de algunos territorios del extinto Pacto de Varsovia, como Eslovenia o República Checa, generan una dinámica sentimental e intelectual vinculada a cuestiones políticas de gran trascendencia para pensar el presente. Por otra parte, la valoración de a dónde fueron a parar las utopías revolucionarias de inspiración marxista en los procesos de democratización del Este y del Sur no puede obviar la práctica concreta del comunismo en los países de lo que fue la órbita soviética.


4.2. Los exilios del siglo XX. Otros horizontes de las transiciones


El 68 fue un año de inflexión y un revulsivo, también, para quienes fueron adultos durante la posguerra. Teresa Pamiès y Miguel Delibes realizaron sendas crónicas de los acontecimientos del Mayo del 68 y de la Primavera de Praga asumiendo –o desde– circunstancias ideológicas y personales distintas. Pamiès permite acercarnos a un fenómeno que tiene particular relevancia en el estudio de las literaturas transicionales, aunque se va alejando progresivamente del horizonte de experiencia de nuestro presente: se trata de la perspectiva de los exiliados y su reincorporación o no a los estados democráticos. En ese sentido, Milan Kundera es un nombre de la World Literature que permite entrever la variedad y complejidad sentimental, personal y literaria que puede generar el exilio. Acaso la más radical: el cambio de lengua y de identidad nacional. La literatura española ofrece casos complejos –también de alcance internacional– en casos como fue el fallido intento de regreso de Ramón Sender a España en 1974, tras haber sonado su nombre para el Premio Nobel y haber triunfado de la mano de Einaudi en Italia, quien convirtió Crónica del Alba en número uno en ventas en ese país.

Por su parte, los exilios de las dictaduras del siglo XX en el ámbito hispanoamericano han generado riquísimas sinergias literarias a las que no es ajeno el celebrado boom de la literatura hispanoamericana en España y Europa. Es el caso de José Donoso, quien se consideró exiliado en España tras el golpe de estado que encabezó Augusto Pinochet en Chile, en 1973. Menos visibles han sido los casos de las mujeres exiliadas. La contribución que durante su exilio llevó adelante la autora uruguaya Cristina Peri Rossi respecto de los debates sobre el feminismo, el divorcio o las drogas en la España de la Transición quedó registrada en sus colaboraciones periodísticas en la revista Triunfo. El artículo “Estado de exilio” que esta joven de la generación del 68 escribió en la mencionada revista (Peri Rossi, 1978) conecta el exilio republicano español con el exilio de las dictaduras latinoamericanas de los años 60 y 70. Este artículo, muy testimonial y personal, desgrana también de manera literaria temas y sentimientos que afectan a las literaturas exiliadas y a sus relaciones futuras con la cultura y la política del país del que se exiliaron los autores.

Entre los exilios europeos de posguerra, Alicia Villar ha anotado la relación con el Mayo del 68 de la escritora griega Melpo Axioti, autoexiliada en París. El rescate y estudio de las comunistas que estando en París contemplaron y relataron lo acontecido en el 68 y las relaciones que establecieron con las respectivas transiciones sería un trabajo interesante para continuar indagando. Aquí, de momento, hemos destacado brevemente el caso de Pamiès, ya que la mirada que dirigió a los acontecimientos de 1968 en París y en Praga la convierte en una referencia inexcusable. Su crónica testimonial y autodescriptiva de la revolución parisina en Si vas a París, papá… (Pamiès, 1975) y la valoración de la invasión rusa de Checoslovaquia y la ponderada disidencia del comunismo ruso que contiene el libro de memorias –junto a las de su padre, Tomàs Pamiès– Testament à Praga (Pamiès & Pamiès, 1970) creemos que tornan necesaria la mención.

En Testament à Praga se editan, se comentan y se matizan aspectos familiares y políticos de las memorias de su padre –revolucionario comunista exiliado al final de la Guerra Civil Española en Checoslovaquia, donde murió–. Asimismo, Pamiès, escritora militante del Partido Comunista Español, exiliada desde el final de la Guerra Civil Española, se encontraba en París en 1968 y dejó constancia del desajuste que experimentó la idea de revolución en el mayo francés, sin acabar de entender la resistencia de los jóvenes hacia el Partido Comunista de Francia. Además, experimentó una seria desafección de la causa soviética tras los acontecimientos de Praga, ciudad en la que había pasado parte de su exilio con su padre, ambos revolucionarios comunistas destacados en la guerra civil española. Testament à Praga además de imbricar las memorias de la autora con las de su padre, contiene una carta al padre comunista pro-soviético convencido en la que Pamiès se exhibe contra Moscú: las purgas que sufrieron los militantes comunistas en Checoslovaquia y la invasión del país que dio fin al “socialismo de rostro humano” y a la Primavera de Praga.


  1. A MODO DE CIERRE. LO TRANSICIONAL Y EL DISCURSO HISTÓRICO TRANSNACIONAL MULTIINSTALADO


Abrimos estas páginas recordando que la novela de Lídia Jorge titulada Los memorables busca una perspectiva paneuropea y conecta particularmente la situación portuguesa con la de países de la antigua Unión Soviética. Pero no es del todo sencillo mantener o crear una perspectiva de enunciación paneuropea que incluya países que se han encontrado delimitados por el llamado Telón de Acero.

Para un investigador portugués, español o francés instalado en el ámbito académico norteamericano, resultaría fácil mantener un discurso homogéneo orientado por un humanismo de izquierdas, incluso por un compromiso marxista, como puede ser el caso de Enzo Traverso (2019). En su libro Melancolía de la izquierda. Después de las utopías se escribe y se enuncia desde la izquierda, entendida en sentido amplio, ontológico dice Traverso, como el conjunto de “los movimientos que lucharon por cambiar el mundo con el principio de la igualdad en el centro de su programa” (Traverso, 2019, p. 17). Al escribir es tentador imaginar un receptor colectivo, comunitario, un nosotros que se identifique con ese legado de las revoluciones liberales y con las posteriores revoluciones de inspiración marxista. El discurso transnacional multiinstalado adopta simultáneamente diferentes lugares de enunciación. El discurso de Traverso se apoya en la construcción de una primera persona del plural, que reúne a emisor y receptores y que parece incluir a las gentes de buena voluntad de izquierda. Cabe preguntarse por el alcance de esa primera persona del plural en la que están incluidos los antiguos comunistas: ¿Todos ellos? Este uso se haría dificultoso cuando el emisor o el receptor sea checo, rumano, húngaro, polaco o incluso de la antigua RDA. En estos ámbitos geopolíticos, ámbitos también sentimentales, culturales y lingüísticos, resulta más difícil erradicar el sentimiento igualitario de la izquierda de la práctica autoritaria de Rusia y de los respectivos estados satélites de la antigua Unión Soviética.

Traverso, al analizar la cultura de izquierdas, la memoria cultural de izquierdas, la integración de las derrotas personales y colectivas en una utopía, en una construcción decidida de un futuro, analiza la trascendencia de la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución del bloque soviético haciendo un uso militante de la primera persona del plural:


La derrota sufrida por la izquierda en 1989, sin embargo, fue diferente: no se produjo tras una batalla y no generó orgullo alguno; puso fin a un siglo y resumió en sí misma una secuencia acumulativa de reveses que, repentinamente reunidos y condensados en un viraje histórico simbólico, se manifestaron abrumadores e intolerables. Tan gravosa fue esa derrota, que muchos de nosotros preferimos huir antes que enfrentarla. Nos golpeó como un búmeran dotado de una fuerza tan grande como la energía con que se lo había arrojado un siglo antes desde Petrogrado, Berlín y Budapest, y que había pasado sobre el planeta como un relámpago de Pekín a La Habana y Lisboa. Lo que queda de esta centuria de “cielos tomados por asalto” es una montaña de ruinas y no sabemos cómo comenzar la reconstrucción o si vale la pena siquiera hacerlo. La melancolía que se desprendió de tamaña derrota histórica –que ya se ha extendido a lo largo de toda una generación– es probablemente la premisa necesaria para reaccionar, hacer el duelo y preparar un nuevo comienzo (Traverso, 2019, pp. 57 y 58).


Un estudio transnacional de las literaturas transicionales en Europa se ha de ver afectado por el enfrentamiento de memorias nacionales e incluso de memorias militantes en relación con la evaluación del pasado autoritario. Tony Judt (2006), en Postguerra. Una historia de Europa desde 1945, describe así estas contradicciones en la interpretación del pasado tras 1989, tras “la reordenación poscomunista de la memoria de Europa oriental” (Judt, 2006, p. 1177) y la posibilidad de comparar el pasado comunista con el pasado nazi:


Para muchos intelectuales de Europa occidental, el comunismo era una versión fallida de un mismo patrimonio progresista. Pero, para sus homólogos de Europa central y oriental, había sido una aplicación demasiado exitosa de las patologías criminales del autoritarismo del siglo XX y como tal debía recordarse. Puede que Europa estuviera unida, pero su memoria seguía siendo profundamente asimétrica (Ibíd.).


No todas las transiciones significaron lo mismo ni se denominaron de la misma manera. Hay analogías evidentes, por ejemplo, entre la griega y la española (Kornetis, 2011), pero la portuguesa, en el mismo marco cronológico y geográfico, se nombra como Revolución de los Claveles y puede ser considerada el último episodio revolucionario de inspiración marxista; así aparece aludida por Traverso (2019). En todos los casos, la literatura que revisa los procesos de transformación política, particularmente la escrita en el siglo XXI, somete el proceso político a un tratamiento estético de nostalgia o de melancolía que ha de ser descrito de manera flexible y multiinstalada para que adquiera relevancia en los contextos internacionales actuales.

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* Contribución: el 100% fue realizado por la autora.

* Nota: el Comité Académico de la revista aprobó la publicación del artículo.


Artículo publicado en acceso abierto bajo la Licencia Creative Commons - Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).



IDENTIFICACIÓN DE LA AUTORA


María Ángeles Naval. Doctora en Filología Hispánica –Literatura española–, Universidad de Zaragoza (España). Catedrática de “Literatura Española Contemporánea y Actual”, la Universidad de Zaragoza. Integrante, Instituto de Patrimonio y Humanidades, Universidad de Zaragoza. Directora, colección “Letra Última”, Institución Fernando el católico, Zaragoza (España). Directora, proyectos de investigación La Literatura de la transición democrática española y las narrativas transicionales europeas (2020-2023)” (MINECO - PID 2019-107821GB-I00) y “Transficción –relatos y discursos de la Transición– (2020-2022)” (ref. BOA: H08_20R). Fue directora del Salón de Industrias Culturales y Creativas de Aragón (España). Fue directora del “Máster propio en gestión de políticas y proyectos culturales”, Universidad de Zaragoza. Fue directora de la revista Poesía en el Campus. Participa en proyectos y redes de investigación europeas relacionadas con la cultura de la transición democrática española y otras transiciones políticas. Entre sus publicaciones vale mencionar: –coordinado junto con Zoraida CarandellLa Transición sentimental. Literatura y cultura en España desde 1970 (2016, Visor); –editado junto con José Luis Calvo CarillaNarrativas disidentes (1968-2018). Historia, novela, memoria (2020, Visor). Realizó la edición y estudio del libro Enciclopedia secreta. Lecturas en el espejo feminista, libro que recopila artículos de Marta Sanz (2022, Contraseña).



i Este artículo se ha elaborado en el marco del proyecto “La Literatura de la transición democrática española y las narrativas transicionales europeas (2020-2023)”, financiado por el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital (MINECO-PID 2019-107821GB-I00). He contado también con el apoyo financiero del Grupo de Investigación de Referencia del Gobierno de Aragón: “Transficción –relatos y discursos de la Transición– (2020-2022)” (ref. BOA: H08_20R).

ii Los términos de nostalgia y melancolía tienen una diferente tradición cultural. El término melancolía está acuñado desde el Examen de ingenios de Huarte de San Juan (1529-1588) para indicar un estado del alma o un carácter. Enzo Traverso (2019) ofrece un recorrido por las elaboraciones plásticas y conceptuales de la melancolía desde el Humanismo antes de aplicar esta vieja idea occidental al análisis de las vicisitudes morales de la izquierda revolucionaria en los siglos XIX y XX. El término nostalgia, asociado desde el Romanticismo al sentimiento del paso del tiempo y de la pérdida, ha sido elaborado por Svetlana Boym (2015) para adaptarlo al sentimiento de pérdida asociado a la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Ambos términos están conectados entre sí y asociados a términos de carácter nacional que se han aplicado a la producción cultural surgida tras las transiciones políticas: se hace referencia al alemán ostalgie y al español desencanto.

iii Se hace referencia al movimiento pacífico que acompañó el proceso de cambio que terminó con el poder político del comunismo en lo que por entonces –a finales de la década del 80– era Checoslovaquia.

iv Se hace referencia al movimiento cívico-militar portugués que, a mediados de los 70, protagonizó un proceso de cambio social en el que la población inundó las calles de Lisboa con claveles rojos y pugnó por una transición sin violencia.

v En el caso de la transición democrática española que estamos indagando en el marco de un proyecto de investigación asentado en la Universidad de Zaragoza (España), puede verse un compendio de estos tipos diferentes de estos relatos en: Transición española. Representaciones en cine, literatura, teatro y televisión [https://www.cervantesvirtual.com/portales/transliteme/]. Asimismo, desde el punto de vista de la historia general, resulta interesante para los objetivos que perseguimos la información que recoge el proyecto Hismedi: Historia, memoria y sociedad digital en la base de datos Transición política a la democracia [https://uc3m.libguides.com/c.php?g=674319].

vi Respecto a la transitología y los autores señeros de esa rama de estudios –Schmitter, Huntington, Morlino, Linz y Stepan, por citar algunos de allos–), véase Tapia y Sánchez Cervelló (2016). Por su parte, se recomienda un artículo muy erudito de Ucelay-da Cal (2016), quien revisa el uso de los términos revolución y transición desde la Antigüedad a nuestros días.

vii Véase lo que se dice luego en el apartado: Lo transicional y el discurso histórico transnacional multiinstalado sobre la dificultad de usar –en un estudio transnacional– términos como izquierda y el modo de hacer referencia al significado de los partidos comunistas.

viii Para conocer los títulos de estos autores, así como para encontrar nuevos autores españoles que hayan elaborado narrativamente la transición, se remitimos nuevamente a la base de datos: https://www.cervantesvirtual.com/portales/transliteme/

ix Juan Carlos Ara (2019) traza el contexto político cultural concreto de esta novela en la España de principios de los 90: se inscribe en el realineamiento de los intelectuales y los medios de comunicación contrario al gobierno socialista de Felipe González.

x El Museo de la Biblioteca Nacional de Madrid ofreció entre el 22 de mayo y el 30 de septiembre de 2018 una exposición comisariada por Manuela Pedrón Nicolau y Jaime González Cela titulada: …Y ese canto es nuestro amuleto. Mitologías del 68. El folleto en formato de 16 páginas que la acompañaba ofrece interesantes imágenes e información bibliográfica de este fenómeno cultural y político global.