Entrevista a Antonio Pasquali Greco1


DOI: https://doi.org/10.18861/ic.2019.14.2.2931

Antônio Fausto Neto https://orcid.org/0000-0002-5952-3880


Universidade do Vale do Rio dos Sinos (UNISINOS), Brasil
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Aline Weschenfelder https://orcid.org/0000-0003-4299-9046


Universidade do Vale do Rio dos Sinos (UNISINOS), Brasil.



Investigador venezolano / Doctor en Filosofía por la Universidad de Paris-Sorbona, Francia / Funcionario de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) entre 1978 y 1986, donde ocupó inter alia el cargo de Sub-Director General para el Sector de la Comunicación / Fue profesor en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y ejerció la docencia en diversas universidades de Latinoamérica.



In memóriam


ANTÔNIO FAUSTO NETO & ALINE WESCHENFELDER (A.F.N. & A.W.): ¿Cómo ve los efectos del doble tsunami que se abatió sobre las comunicaciones (Internet/Redes Sociales y los cambios políticos que las afectan) en el actual escenario político-comunicacional latinoamericano?

ANTONIO PASQUALI GRECO (A.P.G.): En regiones de escaso o discontinuo desarrollo tecnológico, la aparición de Internet ha creado mutatis mutandis, situaciones análogas a las de aquellas que se proveyeron de una aviación civil más o menos eficiente sin haber disfrutado antes de buenas redes viales, acuáticas y ferroviarias. Internet irrumpió en casi toda Latinoamérica antes de que la prensa, la radio, la televisión y la telefonía llegasen a ser servicios públicos universales de cobertura total, eficientes y baratos. Ese “tsunami”, como ustedes lo califican, significó pues, en países de desarrollo retardado, discontinuo y mal repartido, un salto cualitativo más impactante que en regiones altamente desarrolladas. Y tuvo un componente liberador más relevante: facilitó universalizar y abaratar enormemente la comunicación y de paso devolvió al usuario, ahora sin distinciones económicas y socioculturales de ningún tipo, un poder de emitir antes acaparado en la época del monolítico imperio del triunvirato Prensa/Radio/Televisión por pocos y privilegiados emisores. También trajo inéditas capacidades de sortear censuras e impedimentos comunicacionales de todo tipo, y aportó nuevos y poderosos instrumentos para la formación de libres y plurales núcleos de opinión pública. Fue pues un tsunami democratizador, sin olvidar empero que los grandes poderes aprendieron pronto a domesticarlo, y que en la época del facilísimo y brevísimo twitter incontrolable, anónimo, manipulable, multiplicable y transmisible urbi et orbi por cualquiera, el atributo de “democrático” debe asignarse con cierta prudencia porque tales liberalidades conllevan a menudo importantes déficits de credibilidad, control de fuentes y reconocida autoridad profesional y moral del emisor. Pese a eso, allí donde hay robustas, aguerridas y poco contaminadas redes sociales sobrevive la democracia aún en entornos hostiles, como es el caso actualmente en mi país. 

 

A.F.N. & A.W.: En una reciente entrevista concedida al Centro Internacional de Semiótica y Comunicación (CISECO), afirmó que nuestro mundo de la Información es un mundo enfermo. ¿Podría precisar qué tipo de patología viene trasegando la Información al tejido social? En materia de restricción de libertades, sobre todo políticas, también quisiéramos que comentara esa otra afirmación suya de que “a más redes socio-técnicas-digitales, menos transparencia y más zonas de sombra”.

A.P.G.: Insisto en la diferencia ontológica entre comunicar e informar. Sólo hay genuina comunicación en presencia, como hubiese dicho Kant, de una “acción recíproca entre agente y paciente”. Y hay información cuando un predominante y causal polo emisor actúa para crear efectos de persuasión, formación, convencimiento o manipulación en un receptor, generalmente desprovisto de feedback o capacidad interlocutora. Por ser epitáctico o tendencialmente impositivo, el informar es un comunicar degradado, pero esta constatación no ilegitima de por sí el acto informativo; simplemente impone al agente informador la obligación moral de no abusar de su poder, de no tomarlo a la ligera, de no manipular la noticia ni contaminarla con opiniones personales o interesadas, de someterse a códigos deontológicos escritos o no escritos de apego a la verdad comprobada, y de respetar en grado sumo al perceptor. Esto funcionó así, con altibajos, en grandes y respetados medios noticiosos de los siglos XIX y XX, principalmente por obra de agentes informadores muy profesionalizados y de elevados principios (citaré al azar a Walter Lippmann, John Reith y Hubert Beuve-Méry), maîtres à penser y a informar que dejaron huella en la historia de las modernas comunicaciones.

Los 116 años de formación universitaria en el arte, profesionalización y moral del informar, no han impedido la actual degradación del universo informativo y su creciente (y muy lamentable) pérdida de credibilidad, las cuales son principalmente obra, río arriba y río abajo, de la multiplicación de emisores sin deontología y de una fuerte desprofesionalización del oficio. Río arriba por obra de grandes poderes políticos, económicos, publicitarios y  tecnológicos; que, desplazando en  forma creciente a profesionales y medios independientes y contralores,  pretenden someter a sus designios dicho universo acumulando datos del perceptor para manipularlo, interferirlo o censurarlo, como sería el caso reciente en muchas  autocracias (democráticas o no), donde grandes transportistas de mensajería, violando su propia neutralidad, se autoconvierten en productores-emisores de imponentes y sesgados flujos informativos o buscan implementar una Internet de dos velocidades o practican grandes  ensayos de ciberguerras  políticas, industriales y comerciales. Río abajo, en virtud de una democratización del poder de emitir traída por la electrónica, que al multiplicar al infinito el número de generadores de información ha facilitado la lamentable infiltración de  no-profesionales, tuiteros, blogueros o maileadores de toda catadura que contaminan el hoy inmenso flujo de información con la posverdad, el chisme y el fake, inyectando en el universo de perceptores el desconcierto por su creciente dificultad a jerarquizar y separar el grano del afrecho, todo lo cual viene sembrando  duda y  desconfianza  hacia el gran universo informativo.

Se tiene la impresión que, salvando la labor de los pocos grandes medios aún tenazmente aferrados a un honesto profesionalismo, la galaxia Información está siendo hoy patológicamente contaminada a gran escala por la manipulación y la descontrolada improvisación, una cesión de calidad que termina dejando al universo de perceptores sin referentes creíbles. Particularmente impactante es hoy la irrespetuosa emigración masiva de publicidad a la red, con nuevos y muy agresivos códigos formales violadores de toda privacidad y decencia. Ingeniería y control de la noticia siempre hubo, obviamente, pero hoy pudiéramos estar presenciando un salto cuantitativo-cualitativo hacia abajo de grandes proporciones: un científico atentado a los honestos y libres mecanismos formadores de opinión pública, remplazados por una olla podrida sin distingos posibles entre la verdad y el fake administrada por grandes poderes; del peor y más agresivo aventurerismo político y económico. Son éstos temas difíciles de tratar. Ciencia y tecnología se nos han ido muy adelante y muy lejos a excesiva velocidad, sin darnos tiempo de elaborar normas morales y jurídicas aún inexistentes y aplicables al nuevo mundo de la comunicación.


A.F.N. & A.W.: En una entrevista a la BBC, el padre de Internet, Tim Berners-Lee, refiriéndose a los 30 años de la Red declara que “es preciso detener su viaje rumbo a un futuro disfuncional”, señalando los tres comportamientos responsables de ese extravío: actividades maliciosas como el asedio; proyectos dudosos o modelos de negocios discutibles; y discusiones agresivas y polarizadas. Afirma también que ha llegado la hora de corregir rumbos, reponiendo la Red en su recto camino mediante legislaciones y sistemas que limiten procederes incorrectos. ¿Avalaría usted estas consideraciones y las medidas sugeridas para reponer Internet en la buena senda? ¿Cree que eso sería suficiente o se impondría una reflexión sistémica originada por las organizaciones sociales?

A.P.G.: En lo esencial, comparto los criterios del oxoniense Berners-Lee, coinventor de la www; tomo nota de la moderación y elegancia de su formulación y además lo felicito por su valentía intelectual. En otros momentos, él denunció con fuerza la piratería, el acaparamiento, la hipercomercialización y el espionaje en la Red. Lo que veo simbolizar adecuadamente el gran salto de las Comunicaciones, de la maravillosa y nunca bien ponderada Internet, es el mitologema del far west. Este género literario-cinematográfico nos ha descrito desde múltiples ángulos la humana epopeya que brota al abrirse un camino a las nuevas libertades y bienaventuranzas de un alcanzable edén, sus dificultades, la infiltración del perverso que abusa por la fuerza de dichas libertades sembrando injusticias, y el buen gobierno que logran restablecer soteriológicos héroes solitarios o un buen y honesto sheriff representante de la justicia.

Internet, con su desmesurada apertura e inéditas libertades comunicacionales, ahora al alcance de todos, ha sido el far west de las comunicaciones; nos aseguró inéditos y dilatadísimos espacios antes reservados a privilegiados, devolvió a la entera humanidad el poder de emitir, creó nuevos modos y formas de la inter-subjetividad, brindó un justiciero trato igualitario en su posesión y un uso y co-protagonismo en la incesante acumulación de consaberes (caso de la admirable Wikipedia). También sucedió, como en el lejano oeste, que pronto le salieron grandes poderes abusadores y forajidos pretendiendo acaparar por la fuerza económico-política y el engaño de esas libertades. Como resultado, sentimos cada día más la necesidad de un sheriff que no permita su adulteración, ponga orden en ella y restablezca el imperio de los grandes y filantrópicos principios establecidos por los padres fundadores, de los que sólo recordaré el de Jimmy Wales de Wikipedia: todo el humano saber al alcance de todos.

Internet es el episodio más importante y eficaz de la globalización, de aquella previsora utopía nacida tras la Segunda Guerra Mundial de que todos debíamos aprender a tratarnos como hermanos y miembros de una sola Family of Man. En eso de “corregir rumbos en la Red” que auspicia Berners-Lee, ya no le veo posibilidad alguna de éxito al héroe individualista y solitario, a la nación modelo. Sólo nos queda como remedio factible el nombramiento de un sheriff universal, una suerte de gobierno o tribunal internacional de las comunicaciones. Aunque su escogencia y aceptación será mucho más difícil que en el far west de la epopeya norteamericana, y me explico: la idea de una globalización, de una sola Family of Man (cito el título de la celebérrima exposición fotográfica de Edward Steichen en 1955) no es propia del siglo XX: fue precedida –así lo explica Noah Harary en su Homo Deus– por la universal circulación de monedas en el mundo antiguo, la existencia de grandes imperios y la aparición de religiones monoteístas y ecuménicas del ut unum sint. Su versión contemporánea se nos hizo patente con la globalización de las comunicaciones terrestres submarinas y espaciales, y por la toma de conciencia universal acerca de nuestra fragilidad ecológica. Todo esto ha debido conducirnos, y así no fue, a la internacionalización de más instituciones, reguladores y tribunales regidores de conductas y actividades de impacto mundial. Por el contrario, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros organismos regionales están hoy bajo constantes críticas, el soberanismo, el populismo y el beligerante separatismo avanzan ciegamente por doquier contra la indetenible convergencia de la humanidad, esto es, contra la historia; grandes países como los EE.UU., China, India y Rusia siguen sin aceptar su sumisión a organismos, cortes y tribunales internacionales. Todo esto ocurre en momentos en que la idea de un solo mundo avanza en la mente de una humanidad cada día menos dispuesta a aceptar foros nacionales rigiendo actividades que por su naturaleza conciernen a la entera humanidad. Ecología y Comunicaciones figuran entre los sectores más necesitados de sistemas de conducción supranacionales dotados de suficiente poder para sancionar e intervenir. Así que el sheriff vivamente necesitado para limitar en Internet los estragos de abusadores y falseadores habrá de ser escogido por la humanidad entera y deberá presidir un organismo supranacional con alta competencia e imparcialidad.                                       


A.F.N. & A.W.: Tras tantos años de enseñanza e investigación universitaria y dirigiendo estudios y proyectos en el área de las comunicaciones ¿cómo visualiza las tendencias de la futura investigación, tomando en cuenta principalmente Internet, sus prolongaciones y las redes sociales?

A.P.G.: Si pienso en Latinoamérica, soy un ferviente partidario de más libertad y recursos para la investigación: de una más amplia habilitación a sistemas de fund raising  que  no comprometan esa libertad, de una investigación de sello democrático orientada a la acción en favor de grandes colectividades y naciones (convencer a los gobiernos de que conciban Comunicaciones como un servicio público universal), asimismo capaz de sugerir modernizaciones, de más frecuentes interrelación entre instituciones y países de la  región, de una defensa integral y continental de la “libertad de comunicación” como sumatoria de una libertad de expresión y de una libertad de recepción y otorgamiento de poderes decisorios al perceptor o usuario. Ignoro la existencia de recetas para compatibilizar estos objetivos algo disímiles; las realidades nacionales de cada quien sugerirán las vías más sensatas y realistas para combinarlos. La experiencia me ha mostrado cuán difícil es lograr en nuestras realidades que el decision maker en Comunicaciones acuda previamente a la investigación académica para recibir luces.   


IDENTIFICACIÓN DEL ENTREVISTADO

Antonio Pasquali Greco (1920-2019). Doctor en Filosofía por la Universidad de Paris-Sorbona (1957), Francia. Licenciado en Filosofía de la Universidad Central de Venezuela (UCV) (1955), Venezuela. Realizó especializaciones en las Universidades de Oxford, Reino Unido, y Florencia, Italia. Fue titular en la UCV de las cátedras de Filosofía Moral y de Teoría de la Comunicación, y profesor invitado en diversas universidades de Latinoamérica (Bogotá, Brasilia, Buenos Aires, Ciudad de México, Quito, San José). Fundador y Director, en 1959, del Centro Audiovisual del Ministerio de Educación. Representante de la Presidencia de la República en la Directiva del Consejo Nacional de la Cultura. Director de la Escuela de Letras de la UCV (1970-1974). Director del Proyecto Ratelve (1974) por una reforma de la radiotelevisión pública. Fundador del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (ININCO), UCV, y Director del mismo entre 1974-1978. Funcionario de la UNESCO (entre 1978 y 1986), donde ocupó inter alia el cargo de Sub-Director General para el Sector de la Comunicación. Entre sus diversos trabajos, se destacan Comunicación y Cultura de Masas (1964), Comprender la Comunicación (1974; reeditado en 1990) y La Comunicación-Mundo (2011).


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1 Nota del editor. Al momento de editar la entrevista, el maestro Antonio Pascuali Greco falleció en la ciudad de Reus, España. Tenía 90 años de edad, y si bien nació en 1920 en Rovato, Italia, su trabajo intelectual y académico estuvo siempre ligado a la Universidad Central de Venezuela (UCV), país al que arribó cuando tenía 18 años de edad. La publicación de esta entrevista es también un homenaje a su rica y extenso labor intelectual en el campo de la filosofia y la comunicación.

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