La crisis internacional: ¿la globalización llegará a Uruguay?

Autores

  • Prof. Francisco Faig

Resumo

La envergadura de la crisis financiera internacional de este otoño boreal es excepcional en la historia del capitalismo. Las comparaciones con la crisis de 1929 no faltan, si bien no siempre son pertinentes. En todo caso, los escenarios mundial y regional cambiaron radicalmente y ello tendrá consecuencias sobre nuestro cotidiano país.

Tamaño de una crisis


Europa destinó un total de 1.700 mil millones de euros para salvar su sistema bancario. Gran Bretaña nacionalizó parcialmente el Royal Bank of Scotland, el Halifax Bank of Scotland y el Lloyds TSB. Holanda inyectó 10 mil millones de euros para salvar al ING. Francia repartió liquidez a sus seis principales bancos, entre los cuales están el Crédit Agricole, el BNP Paribas, y la Société Générale.

Estados Unidos aprobó el famoso plan Paulson de 700 mil millones de dólares con dificultades y luego de negociaciones parlamentarias. Ya está previsto que 125 mil millones de esos dólares vayan a la compra de acciones bancarias de forma de sostener al sistema, aportarle liquidez y evitar la parálisis económica.

Se trata de intentar evitar el escenario catástrofe de largo plazo. A pesar de que las tasas de interés son extremadamente bajas, el comercio mundial se mantiene dinámico y las amenazas inflacionistas desaparecen con la baja de las materias primas, las señales del mercado financiero son alarmantes.

Dos datos financieros históricos dejan pensar que las crisis de larga duración son posibles: el Dow Jones recuperó sus niveles de setiembre de 1929 en 1954; el Nikkei de Japón que hoy vale unos 8.500 puntos, llegó a estar a 40.000 en 1989.

Si bien es cierto que la volatilidad es muy alta, no lo es menos que la tendencia de los últimos meses ha sido a la baja estrepitosa. El 1º de enero de este año el Dow Jones estaba por encima de los 13.000 puntos; hoy apenas supera los 8.000. Luego de la “exuberancia irracional” de los mercados que apuntaba Alan Greenspan para principios de esta década, el mundo financiero parece enfrentarse a un “pesimismo irracional” que lleva los índices bursátiles a niveles muy alejados de los fundamentales económicos.

La caída de las bolsas en todo Occidente deja pensar que los inversionistas descreen de las previsiones oficiales sobre crecimientos nulos de los países de G7 para 2009. Por el contrario, parecen estar convencidos de que habrá una recesión económica larga de los países industriales, con un largo período de deflación, merma del consumo interno, baja en el precio de los inmuebles, suba del desempleo, baja de las exportaciones…

La región no se salva


En este contexto, la región ha encendido sus luces rojas. El Bovespa de los 64.000 puntos en enero, que llegó alegremente a más de 73.000 en mayo, hoy está en 30.000 puntos, a niveles de hace cuatro años atrás. Como si Brasil no hubiera crecido nada en este lustro excepcional. Si bien su sistema financiero parece estar sólido, su manejo de la moneda defiende una estabilidad y previsibilidad que favorecen el comercio, y su crecimiento económico está también atado al aumento sostenido de la demanda interna, es claro que Brasil sentirá la baja del precio de las materias primas en sus exportaciones. Pero la sufrirá menos que Argentina.

El Merval argentino tocó los 2.300 puntos en julio de 2007, y hoy está en niveles de mayo de 2004, a poco más de 800 puntos. En mayo, valía 2.200. La caída es abrumadora. La desconfianza en el sistema peronista de manejo de las finanzas públicas es patente. Entre los títulos públicos en dólares, el Boden 12, el más líquido, esta semana presenta un rendimiento de cerca de 80% anual: una cifra que dice a las claras que el mercado cree estar más cerca del default que de la recuperación de la confianza.

El boom sojero exportador se acaba ya para 2009, con un precio por tonelada que ronda los 350 dólares, cuando llegó a tocar los 600 dólares hace algunos meses atrás. La necesidad de fondos para cumplir con el pago de intereses de deuda es factor importante para entender la estatización de fondos previsionales, medida que terminó de derrumbar (por motivos domésticos y no internacionales) el mercado financiero bonaerense.

Futuro complicado


La recesión económica, mucho más que una crisis de corta duración, es un escenario previsible para los próximos años. Evidentemente, el equilibrio en el mercado financiero debiera darse en índices cuyos niveles reflejen mejor el crecimiento de la economía de estos años y no en los niveles actuales.

No es impensable entonces que haya cierta suba en las bolsas internacionales en los meses próximos – sobre todo de valores que están francamente subvaluados, como los ligados a bancos -. Pero se hace difícil pensar en alcanzar en un horizonte de dos o tres años los niveles de mayo de 2008.

A todo esto, nuestro cotidiano uruguayo asiste a la crisis como quien se interesa por la evolución de las vicisitudes de los protagonistas de una novela televisiva vespertina. La periferia de la periferia en la cual vivimos opera como un sedante que inhibe la acción motivada en rápidos reflejos de gestión gubernamental eficiente.

Nuestro crecimiento excepcional del último lustro perdió en estas semanas dos de sus razones de existir: el crecimiento de la demanda mundial por nuestros productos primarios, y el alto precio pagado por ellos.

Se aplaude cierta diversificación de mercados externos. En esta coyuntura, importa poco: ni los rusos, ni los europeos, ni  los israelíes o los canadienses y los chinos que nos compran carne y soja, viven fuera del mundo. Todos sufrirán las consecuencias de esta crisis. Ejemplo: la planta de Botnia anunció que bajará su producción por causa de la situación internacional.

Tampoco podemos alentar esperanzas del entorno regional. La argentino-dependencia de nuestro turismo, relativizada en estos años pero igualmente fuerte, sufrirá de la hecatombe económica de nuestro vecino ya en los próximos meses. 
Sin masivos ingresos por exportaciones o turismo, no parece ser la todavía relativamente deprimida (y siempre escasa) demanda interna la que pueda sostener durante mucho tiempo el crecimiento del país.

El 2009, año electoral, será mucho más difícil de lo que algunos actores locales quieren creer. Uruguay, por muy periférico que sea, no podrá evitar las consecuencias de la excepcional crisis internacional desatada en estas semanas.  El precio de la moneda refugio, el dólar, crece; las esperanzas puestas en su divisa, también: “in God we trust”.


*Profesor de Sistema Internacional Contemporáneo
Depto de Estudios Internacionales
FACS- ORT Uruguay

Publicado

2008-10-30

Edição

Seção

Comercio y economía internacional