Sobre el uso de Tucídides en la teoría de la política internacional

Nicolás Ayala

Resumen

En cualquier manual sobre teoría de relaciones internacionales que consultemos, nos encontraremos con información acerca de la influencia que ha tenido el historiador Tucídides en las perspectivas realista y neorrealista. El ateniense expone algunos de sus preceptos cardinales tales como: los Estados (o las ciudades-Estado) son las unidades clave de acción; éstos piensan y actúan movidos por un interés que se traduce en poder, ya sea como fin en sí mismo o como medio para alcanzar otros fines; y sus comportamientos son guiados por criterios racionales.

Tanto los sujetos individuales como sus motivaciones quedan excluidos de la unidad de análisis del neorrealismo, pues la circunstancia de anarquía es un imperativo en la esfera internacional y esto es lo que determina las posturas de los Estados.

Los vínculos entre las ciudades-Estado griegas, narrados por Tucídides en su libro “Historia de la guerra del Peloponeso” han servido a estadistas y académicos como punto de partida para la formulación de la teoría del balance de poder. A su vez, nociones como la continuidad en la conducta intra-estatal han sido un nexo intelectual entre Tucídides y los pensadores contemporáneos –hasta el momento realistas y, más aún, neorrealistas-.

Sin embargo tropecé, unas semanas atrás, con un original artículo en el cual se cuestiona elocuentemente la organicidad acerca del lazo entre el estratega ateniense y la escuela realista. Su título es “El uso y abuso de Tucídides en las Relaciones Internacionales” y su autora, Laurie M. Johnson-Bagby.

Según Bagby, desde el punto de vista de Tucídides, la distribución de poder en el sistema internacional es sólo un factor entre otros a tener en cuenta a la hora de explicar las causas de la guerra entre Esparta y Atenas. No el decisivo, como pretende la corriente neorrealista. La autora considera que para el historiador ateniense, factores como el “carácter nacional” y el “carácter moral e intelectual” de los líderes individuales conforman una parte integral del análisis político que dan explicación de la guerra del Peloponeso. Al restar importancia a explicaciones de tercer nivel –metodología clásica del neorrealismo- se pasa a un análisis de primer y segundo nivel, es decir, los individuos y los procesos estatales internos.

A lo largo de su obra, Tucídides pone en contraste las características sociales congénitas entre atenienses y espartanos. Mientras a los primeros los exhibe como atrevidos, innovadores, valientes, creativos y arriesgados; a los segundos los percibe anticuados, tímidos, ociosos y reticentes.

Johnson-Bagby articula estas diferencias para exponer que el crecimiento del poder ateniense fue causado por dos factores: la parsimonia e introspección espartanas, y el atrevimiento y afán de gloria de parte de Atenas. Asumiendo que dichas conclusiones son evidentes en la consideración que Tucídides otorga en su relato a las diferencias entre las personalidades de los líderes, siendo ellas un rasgo trascendente en el desarrollo del conflicto.

Habiendo finalizadas las Guerras Médicas, los espartanos despejaron el camino para el aumento del poderío ateniense. El estilo imperial de Pausanias provocó el descrédito por parte de sus aliados, inclinándose éstos en favor de Atenas. Por su parte, Pericles se mostraba como un conductor altruista, poco egoísta e interesado en el bien común. Pero a su muerte, no hubo hombre alguno que tuviera la capacidad de liderazgo necesaria para unificar al Estado y la competencia entre rivales terminó por arruinar la política ateniense.

Johnson-Bagby interpreta que Tucídides entiende la declinación y derrota ateniense en la guerra a través de la diferencia de carácter entre Pericles y sus sucesores. Esta posición se aleja sustancialmente de las clásicas lecturas de “La Historia de la Guerra del Peloponeso” que se mantenían bajo los preceptos neorrealistas, posicionando al estado como una caja negra impenetrable.

Tucídides creía, explica la historiadora, que la capacidad de gobernar o la creencia de la misma podían cambiar la historia. “(…) observamos que Tucídides no explica el inicio y conducción de la guerra como procesos causados por la distribución de poder entre Atenas y Esparta, sino más bien por las diferencias en el carácter nacional y en las personalidades individuales de los líderes. De aquí que el temor de Esparta hacia el poderío ateniense deba ser entendido como resultante de otras causas subyacentes que involucran diferencias nacionales en lugar de similitudes. Para Tucídides, las diferencias entre los Estados y sus liderazgos sí importan. El ascenso de Atenas a la grandeza pudo ser causado y fue causado por decisión humana, con la aquiescencia conciente de Esparta hasta que sus aliados la convencieron de que las acciones de Atenas eran lo suficientemente amenazantes como para declarar la guerra.”

Por muy interesante e innovadora que parezca la postura de Johnson-Bagby, no deja de ser debatible que su análisis contiene cierta cuota de insubsistencia teórica.
Es complejo asumir que el historiador ateniense fuese un antecesor directo del neorrealismo. Esencialmente, porque ni siquiera podía pensar en tales términos. La intuición aquí es que al no existir una escuela delimitada de pensamiento, la coherencia de la obra de Tucídides no puede ser total con respecto a las formulaciones actuales del neorrealismo. El quid de la cuestión es comprender el núcleo conceptual de su obra. Si podemos afirmar que la esencia de la Guerra del Peloponeso tiene causas de naturaleza neorrealistas, la existencia de algunas ideas dentro del texto que no se correspondan en su totalidad con este núcleo –sobre todo si son diferencias de grado y no contradictorias, como parece ser el caso aquí-, no tira abajo la conexión entre ambas líneas de pensamiento. Es así, qué más allá se las sugerentes propuestas de Bagby, la identificación entre el neorrealismo y Tucídides sigue siendo convincente.

Lo cierto es que a la hora de analizar los sucesos políticos exteriores que desembocan en el conflicto, todas las cuestiones esgrimidas por Bagby quedan relegadas a segundo plano. No se pretende asumir que los fenómenos internos sean obsoletos. Muchas veces es necesario recurrir a ellos como herramienta analítica. Sin embargo, a la hora de estudiar los grandes sucesos de la política internacional, el sustento en los niveles de análisis primarios y secundarios puede hacer de las relaciones internacionales un fenómeno ininteligible, haciendo necesario un énfasis a nivel sistémico. Tucídides puede argumentarlo mejor que nosotros: “lo que hizo la guerra inevitable fue el crecimiento del poder ateniense y el temor que esto produjo en Esparta.”

 


Candidato a la Maestría en Relaciones Internacionales.
Universidad Torcuato Di Tella.
Buenos Aires - Argentina

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Letras internacionales. ISSN 1688-4302 (en línea)
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