UNA "ALIANZA" POCO CONVINCENTE

Authors

  • Javier Bonilla Saus

Abstract

“Vamos a debilitar e, in fine a destruir al Estado Islámico (…) como lo hicimos con Al-Qaeda” dijo un no muy entusiasta Obama en su conferencia de prensa de cierre de la reunión el viernes pasado. El esfuerzo de los EE.UU. y el de algunos otros aliados europeos relativamente entusiastas había finalmente logrado con algunas dificultades que se aprobase, en la reunión que se llevó a cabo los días 4 y 5 de la semana pasada en la ciudad de Newport, Gales, la conformación de una “Alianza básica” (core coalition) destinada a enfrentar el vertiginoso desafío que está construyendo el llamado “Estado Islámico” o “Califato” (EI o ISIS por sus siglas en inglés) en Medio Oriente entre Siria e Irak.

Desde una perspectiva mediática, el anuncio del nacimiento de esta “Alianza” que reúne por ahora a los EE.UU., el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Polonia, Dinamarca, Canadá, Australia y a Turquía no dejó de preocupar a algunos. Y ello al menos por dos razones.

En primer lugar, es imposible que el anuncio no haga recordar a los analistas a aquella otra “Alianza” anunciada en el año 2003 por Georges W. Bush para acompañar su desastrosa invasión a Irak al frente de una “multitudinaria coalición” que prometía varias decenas de países participantes de los cuales, finalmente, muy pocos se hicieron efectivamente presentes en el campo de batalla.

En segundo lugar, el anuncio preocupó a muchos porque tuvo algo de improvisado y de “borrador de proyecto” a realizarse en un futuro cuyo “timing” de concreción es aún una incógnita. Esta “Alianza” anunciada tiene sólo un objetivo claro: enfrentar el creciente accionar del Estado Islámico. Pero, en buena medida, como requisito previo tiene que decidir cual será su modalidad de intervención. Aunque se insistió hasta el cansancio que los 10 primeros países integrantes de la Alianza son la “base” de la coalición y no pondrían directamente tropas en tierra (lo que es sobretodo una definición de lo que la “Alianza” NO va a hacer en su definición actual), al mismo tiempo se afirmó que la intervención política, la de inteligencia, la de entrenamiento y pertrechamiento militar, la de cobertura aérea y la humanitaria eran totalmente insuficientes para detener la ofensiva yihadista. Algún presidente perspicaz señaló que, por otra parte, la intervención de una coalición exclusivamente occidental para combatir al yihadismo islámico, era casi “una gaffe” particularmente caricatural.

Por ello es que para resolver el problema de las tropas en tierra, y dada la debilidad endémica del ejército iraquí, en buena medida lo que será y hará esta “Alianza” depende esencialmente de cuantos y cuales de los países de la región se muestren realmente interesados en enfrentar al Ejército Islámico. En los hechos los únicos combatientes realmente operacionales en el terreno hasta ahora (y todavía queda por verse hasta) son los sectores kurdos más combativos que, por ahora, defienden su territorio. Pero cabe perfectamente hacer la hipótesis de que no forzosamente irán mucho más lejos de las que ellos consideran sus fronteras naturales. Como veremos, ese tema de quienes serán los soldados en tierra es un capítulo todavía más que impreciso aunque, paradójicamente, todos los involucrados están contestes en que el problema del tiempo es algo determinante.

Sucede que la cuestión de los plazos de tiempo en los que la coalición tendrá andadura también son totalmente indeterminados. Aunque es obvio que todo tipo de operación ya en marcha en ningún caso hubiese sido divulgada, nadie espera un verdadero “despliegue” inmediato de envergadura, en especial cuando el propio Obama anunció que el Secretario de Estado John Kerry emprenderá un viaje por Medio Oriente para entablar conversaciones con los “aliados regionales”.

Otro punto que permanece totalmente indefinido es la determinación de cuales habrán de ser los lugares en los que intervendrá esta nueva coalición. La información de la que se dispone es que los EE.UU. ya han realizado más de un centenar de operaciones de apoyo aéreo, fundamentalmente en el Este y Norte del territorio iraquí, y en la reunión se manejó el espinoso tema de que toda operación limitada al territorio de Irak no tendría verdadera efectividad si no se intervenía simultáneamente en Siria.

Lamentablemente, como es sabido, el EI logró la capacidad operacional que ahora tiene porque hubo de replegarse de Irak a Siria para fortalecerse calladamente en medio del caos causado por Bashar al-Asad cuando vio cuestionado su poder hereditario. Y si Bashar al-Asad está todavía en su silla, es porque Rusia se opuso sistemáticamente a todo tipo de ayuda occidental a la oposición “democrática”. Durante el año largo de enfrentamiento entre esta oposición y el régimen alauita, los yihadistas, sin presentar batallas significativas y protegidos indirectamente por el veto ruso, lograron acumular fuerzas como para desplegarse, como lo han hecho ahora, por parte de Siria e Irak. Nuevamente, en esta cuestión la “Alianza” definió más lo que NO haría que lo que pensaba llevar adelante. Quedó claro no habría apoyo alguno a Bashar al-Asad pero no se dijo quien iba a combatir efectivamente a los yihadistas del EI presentes en Siria. Y este tema, como vimos, no parece encontrar solución fácil.

Como si el papel de aliado objetivo de la barbarie que ha elegido Rusia no fuese suficiente problema, es ineludible plantear el desafío que significa el ineludible rol de Irán. Durante la reunión no se hizo mención pública alguna al tema iraní aunque nadie que conozca elementalmente la geografía puede dejar de advertir que de todos esos “países de la región” que la “Alianza” menciona como candidatos a sumarse a la guerra, y en el particularmente sacrificado papel de combatiente en el terreno, el único verdaderamente significativo es Irán.

Por más que se mencione a Jordania (de escaso poderío militar), a Turquía (con funciones más de defensa de sus fronteras y serios contenciosos con los kurdos) o a Arabia Saudita (geográficamente algo lejana y con más recursos financieros que militares), el país con capacidad operacional en tierra es fundamentalmente Irán.

Como era de prever, el vertiginoso desbordamiento del EI desde Siria sobre Irak en los últimos meses no podía dejar de ser percibido como una amenaza por los iraníes. Campeones mundiales del chiísmo, la situación iraquí le está obligando a considerar la posibilidad de salir en defensa de su vecino y aliado: el enclenque estado chiíta iraquí que se está viendo arrasado por la bestialidad descarnada del fundamentalismo sunita.

Según la BBC, Irán estaría dispuesto a colaborar con la estrategia de los EE.UU. para detener a los fundamentalistas sunitas que, de hecho, debe admitirse al pasar que constituyen un peligro cierto prácticamente para todo país mínimamente decente del mundo actual.

Aunque Teherán negase categóricamente nada parecido a lo divulgado por la BBC, cabe preguntarse si los líderes políticos iraníes no se han fatigado ya de lapidar mujeres y comienzan a advertir que su enfrentamiento sectario con Occidente y con los sunitas conducen directamente a un retorno a la Pre-historia. A pesar de las reiteradas negativas de las autoridades iraníes (y de que evidentemente la idea contraría toda la política exterior del régimen teocrático iraní desde 1979), la BBC insiste en que el General Soleimani, Comandante de los Guardianes de la Revolución, ya habría comenzado a trabajar en coordinación con los responsables de las fuerzas kurdas, iraquíes y estadounidenses. Es más, BBC sostiene que la liberación de la ciudad de Amerli, cercada por los yihadistas por más de un mes, se logró una semana atrás mediante la intervención combinada de la cobertura aérea norteamericana, de los “peshmergas” y de las tropas iraquíes chiítas encuadradas por oficiales iraníes.

En cualquier caso la opacidad sistemática del totalitarismo teocrático iraní no permite avanzar con certeza en ningún tipo de análisis racional pero no deja de ser indicativo de la posibilidad de un cambio que, cuando los yihadistas ocuparon Mosul y el territorio kurdo en el noreste de Irak, en realidad se acercaron bastante más de la frontera iraní que lo que los ayatollahs estaban dispuestos a tolerar. Además, todo indica que la difusión de las atrocidades cometidas contra las poblaciones chiítas y la destrucción sistemática de las mezquitas y lugares sagrados del Chiísmo parece haber tenido un impacto significativo en Irán.

Como se puede apreciar, la iniciativa esbozada en Newport, parece dejar abiertas más interrogantes que afirmar algún tipo de certeza. Si la “core coalition” recientemente forjada debe contar con la concurrencia de las fuerzas militares de Irán en el terreno para combatir al EI, la disyuntiva política que la coalición enfrenta es una del tipo de aquella que consiste en hacer una alianza con Jack el Destripador para combatir a Hannibal Lecter. En última instancia, es necesario concluir que, en el contexto global contemporáneo actual, Occidente se está viendo obligado a elegir con qué estado terrorista se alía para combatir a los terroristas sin estado. Para peor, todo ello bajo la desenfadada y divertida mirada del micro Zar moscovita.

Sin embargo, no todo es negativo en lo que se ha esbozado en Gales. Debe reconocerse que, desde el punto de vista diplomático y más allá de sus limitaciones, el logro de conformar esta “Alianza” no es algo menor. Conviene recordar que, desde el punto de vista formal, la reunión de Newport era una reunión de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN) y ella constituía una instancia que tenía como tema específico y central de su agenda la compleja situación de la disputa en Ucrania. El enfrentamiento del gobierno de este país con los grupos pro-rusos del Este y las inadmisibles intromisiones rusas en territorio ucraniano eran teóricamente el “plato fuerte” del encuentro en Gales.

Entre otras cosas porque la OTAN, como su nombre lo indica, es una Alianza que nuclea al “Atlántico Norte”, es decir a Europa y a Norteamérica por lo que, lo que suceda en el Medio Oriente difícilmente puede caer con naturalidad dentro de sus “competencias”. Por ello es que fue necesario hacer más de un equilibrismo para separar el conflicto ucraniano (donde la competencia de la OTAN se entiende como relativamente “natural”) y el conflicto causado por la explosión del extremismo yihadista en Siria, Irak y demás ramificaciones hoy difíciles de cuantificar y dimensionar. Los efectos de estas aparentes sutilezas diplomático-institucionales no son menores: todo indica que al menos una de las razones por las cuales España no se sumó a la nueva “Alianza” es porque esta no operará como OTAN y Rajoy ha entendido que ello no era adecuado para la política exterior española que ha tenido ya suficiente desgaste por su participación en la anterior guerra de Irak.

En gran medida a causa de este problema relativamente “formal” de competencias, es que hubo de anunciarse la fundación de esta nueva “Alianza” en la cual la OTAN se mostró protocolarmente reacia a participar de manera institucional por más que el anuncio de la conformación de esta “Alianza” fue, a la postre, la noticia más importante de la Cumbre de Newport.

Anders Rasmussen, Secretario General de la OTAN, señaló su acuerdo con que 10 de los integrantes de su organización decidiesen comenzar a intervenir coordinadamente contra el EI en Siria e Irak: “Celebro esas decisiones porque la comunidad internacional debe hacer todo lo que pueda para parar al llamado Estado Islámico”, dijo Rasmussen afirmando que la OTAN podría apoyar la iniciativa ejerciendo a la vez un papel político y de coordinación entre todos los países que decidan sumarse en la naciente “Alianza”.

Ahora, o mejor dicho desde hace un cierto tiempo, la palabra la tienen la capacidad política y militar de Occidente y de los estados no occidentales “decentes” (para retomar la consagrada terminología de John Rawls) para detener los diversos tipos de barbarie que se han desplegado impunemente por el planeta. Hay momentos para trazar líneas rojas en la arena y otros para trazarlas en la piedra.

Published

2014-09-11

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Editorial