¡Salve Oh Democracia! Colombia en pro del continuismo político

Autores

  • Sebastián Bidegain

Resumo

Contrario al modus operandi establecido en América Latina para cuestiones electorales, los colombianos (al igual que los nicaragüenses) hacen uso del sistema de voto voluntario. Por más idílico que parezca, el sistema está lejos de ser un reflejo del sentido de responsabilidad cívica de la población colombiana; el mal tiempo y el entretenimiento futbolístico del momento, son fuertes elementos disuasorios. 

El pasado domingo 20 de junio, con un 55% de abstención de voto, los colombianos eligieron al candidato conservador Juan Manuel Santos Calderón (ex Ministro de Defensa entre 2006-2009) como el quincuagésimo noveno presidente de su país. Esta victoria ha sido lograda en segunda vuelta (balotaje) en detrimento del candidato por el “Partido Verde”, el liberal Antanas Mockus (ex Alcalde de Bogotá entre 1995-97 y 2001-04).

La primera instancia electoral tuvo lugar el día domingo 30 de mayo. En ésta, cuatro candidatos: además de los dos ya mencionados, Germán Vargas Lleras  (por el “Partido Cambio Radical”) y Gustavo Petro (por el “Polo Democrático Alternativo”). Los ganadores de la primera vuelta se presentaron el pasado domingo, instancia en la que, sin sorpresas, Santos obtuvo una amplia mayoría de votación (69,05%).

El presidente electo asumirá el próximo 7 de agosto.

La victoria de Santos no es un hecho que se deba al azar ni a la casualidad política. Podría en cambio hablarse de un “déjà vu”, en lo que significa una apuesta del cuerpo cívico por el continuismo político. De hecho fue por su adhesión al “Partido de la U” (o partido “Uribista”) y por su clara campaña de continuación de las políticas del actual presidente Álvaro Uribe que ha logrado catapultarse a la presidencia.

El “Uribismo”, cuya figura líder es el popular actual presidente (con una popularidad cercana al 70%,  coincidente con los votos obtenidos por Santos) ha logrado un respetable éxito gracias a la implementación de su “Política de Defensa y Seguridad Democrática”. Según un documento emitido por la Presidencia Colombiana y el Ministerio de Defensa en el 2003, esta política “…es el documento marco mediante el cual el Gobierno Nacional traza las líneas básicas de la Seguridad Democrática para proteger los derechos de los colombianos y fortalecer, con la solidaridad de la ciudadanía, el Estado de Derecho y la autoridad democrática, donde quiera que esté amenazada”.

No ignorante de la realidad de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que desde mediados de los sesenta ha venido lacerando el poder democrático-Estatal y los Derechos Humanos, la Política de Defensa y Seguridad Democrática se ha planteado la progresiva “extensión del poder democrático sobre todo el territorio colombiano”, mediante la acción conjunta de todos los organismos estatales, el apoyo de brigadas móviles y de las unidades de las FFAA y de la policía nacional. Según el documento mencionado anteriormente “unidades compuestas por soldados regulares, soldados campesinos y carabineros de la Policía Nacional asegurarán el mantenimiento del control territorial”.

La política “uribista” no ha sido capaz de erradicar las fuerzas de las FARC, ni tampoco las paramilitares (de grupos armados ilegalmente, que se autodenominan “de defensa” y están alineados a pensamientos de ultraderecha y relacionados con el narcotráfico). Pero ha dado cierta tranquilidad a los colombianos, al alejarlas de las principales ciudades del país.

Importantes consecuencias de la política de Defensa y Seguridad, acciones co-orquestadas por el actual presidente electo Santos (en carácter de Ministro de Defensa), fueron, en el 2008, el rescate de 15 rehenes (entre los que se hallaba Ingrid Betancourt) y el ataque contra el campamento de las FARC ubicado en Ecuador. Esta acción, que dio muerte a  Raúl Reyes (número dos de las FARC), generó una crisis diplomática con el gobierno de Correa. Para Uribe “sólo cuando el Estado castiga implacablemente el crimen y combate la impunidad hay plenas garantías para ejercer la oposición y la crítica.” Desde esta perspectiva, la violación a la soberanía de Ecuador era secundaria frente a la necesidad de proteger la Democracia. 

Con su perfil tecnocrático y conservador, sus estudios en Harvard y en la London School of Economics, Santos deberá a partir de agosto hacer frente a una importante agenda de debes en la política colombiana.

En primer lugar, el elevado índice de desempleo (10,6%) que según el economista colombiano Alejandro Gaviria es la tasa de desempleo más alta de las economías grandes de América Latina, superando al de Argentina, Brasil y Chile. En segundo lugar, la salud: en relación al gasto por habitante, en Colombia se gasta 40% más que en Chile; sin embargo, la mortalidad adulta es 45% mayor.  

Según la Presidenta de la Asociación Colombiana de Ciencia Política Alexandra García “el próximo presidente deberá trabajar para mejorar las relaciones con Venezuela y Ecuador y seguir ejerciendo un liderazgo en la región al lado de Chile y Brasil”. Esto dependerá de qué rumbos tomará de aquí en adelante “su Política de Defensa y Seguridad de la Democracia”, y por supuesto, qué relaciones mantendrá con los Estados Unidos. Lo que es claro, es que hay mucha tarea por delante.


*Estudiante de la Licenciatura en Estudios Internacionales.
FACS - ORT

Publicado

2010-06-24

Edição

Seção

Política internacional