A la altura de las circunstancias

Autores

  • Lic. Margarita Heguy

Resumo

El agravamiento de la crisis alimentaria que, según algunos, podría hacer estallar la Tercera Guerra Mundial y que amenaza con incorporar a 100 millones de personas a la pobreza extrema - es decir, subsistir con menos de un dólar al día – se presenta compleja en sus causas y en sus posibles soluciones; que creemos deben venir de la mano de la mayor organización internacional, Naciones Unidas.

Esta tragedia humanitaria, que mata a 25 mil personas de hambre por día y que ha provocado disturbios violentos en Haití, el país mas pobre de América, pero también en Camerún y Egipto, entre otros, se ha agudizado de tal forma que la revista británica "The Economist" la ha calificado de tsunami silencioso.

Lo paradójico y terrible es que en el planeta hay suficiente comida como para alimentar a toda la humanidad, según aseguró el director del Programa para el Medio Ambiente de la ONU, Achim Steiner.

Ante esta desoladora situación, todos buscan culpables. Unos apuntan contra los subsidios a los biocombustibles, y en especial contra el etanol. El relator de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, aseguró que los biocombustibles son “...un crimen contra la humanidad...”, pues la transformación masiva de alimentos para este fin (maíz, arroz o caña de azúcar) es una de las causas de la escalada de precios. Pero también se responsabiliza al sistema del comercio internacional y a los intermediarios privados que buscan sacar ganancias de los altibajos en los precios de las materias primas en los mercados internacionales. 

A su vez, se culpa al temido cambio climático. Pero también hay que tener en cuenta la incorporación de centenares de millones de chinos e indios al consumo de alimentos, a los que antes no podían acceder. Esto, sumado a que se han producido cambios en los hábitos alimenticios de millones de personas en todo el mundo. Los chinos y los indios empiezan a beber leche y comer carne de vaca. Para poner solo un ejemplo, en China, se ha pasado a consumir de 9,5 litros de leche por persona al año en 1997, a casi 32 litros per cápita en 2007, según datos dados a conocer por la FAO.

Asimismo, la situación ha tenido un impacto en Europa, en donde la Unión Europea, el mayor exportador e importador de alimentos del mundo, debió aumentar las cuotas de producción láctea. Por otra parte, los europeos también han variado su alimentación, prefiriendo las partes menos grasas de los animales, en procura de un mayor cuidado de la salud. En un mundo globalizado, estas decisiones tomadas por los más ricos han tenido consecuencias terribles en Africa, donde la importación de cientos de miles de toneladas cada año de patas y alitas de pollo de Europa, Estados Unidos y Brasil ha acabado con la producción local en forma de dumping.

Esta trágica crisis, que no responde a una sola causa ni tiene un solo responsable exige una rápida respuesta por parte de Naciones Unidas, en cuyo mandato está el proporcionar una solución a los problemas humanitarios.

En un desesperado llamado de ayuda, la ONU, pidió a los países donantes 2500 millones de dólares para que financien a las agencias relacionadas con la alimentación y anunció la creación de una fuerza especial para combatir la crisis.

Este es, sin duda, uno de los principales desafíos que tiene la organización en este milenio. El propio secretario general Ban Ki-moon, en Berna, así lo confirmó al manifestar que la ONU deberá demostrarle al mundo que está a la altura de las circunstancias.

 

 

* Profesora de Periodismo Internacional. 
FACS. ORT- Uruguay

Publicado

2008-05-08

Edição

Seção

Comercio y economía internacional